En las elecciones presidenciales de 2022, el mapa político de Colombia experimentó una transformación inédita cuando Gustavo Petro y Francia Márquez alcanzaron el poder. Aquella victoria, lograda por una diferencia de apenas 750.000 votos, cerca del 3 % de los votos válidos, tuvo un motor indiscutible: los jóvenes.
La fuerza y la indignación acumuladas durante las protestas sociales de 2021 se trasladaron a las urnas, rompiendo récords históricos de participación y abriendo el camino a la izquierda.
Sin embargo, de cara a la crucial jornada electoral de este fin de semana, surge el interrogante de si la juventud repetirá esa masiva asistencia a las urnas o si, por el contrario, ha regresado a sus niveles tradicionales de abstención. De hecho, hoy los jóvenes representan cerca de una cuarta parte del censo electoral colombiano y, aunque históricamente han sido el grupo poblacional que menos vota, en las últimas presidenciales demostraron que sí pueden cambiar el rumbo político del país.
Un reciente estudio académico de la Universidad del Rosario, titulado ‘El voto de los jóvenes en la victoria de Gustavo Petro’ concluyó que el incremento de la participación juvenil fue determinante para el triunfo del hoy presidente en 2022. La investigación, basada en datos de la Registraduría y no únicamente en encuestas de opinión, encontró que Petro obtuvo el 64,5 % de los votos entre los ciudadanos de 18 a 25 años y el 60 % entre quienes tenían entre 26 y 35 años, durante la segunda vuelta presidencial.
Además, el informe reveló que entre las segundas vueltas de 2018 y 2022 la participación de los jóvenes aumentó 6,87 puntos porcentuales, siendo el grupo etario con mayor crecimiento electoral en ese periodo. En términos absolutos, en la segunda vuelta de 2022 votaron 372.126 jóvenes más que en la segunda vuelta presidencial de 2018.
En suma a ello, las recientes elecciones legislativas del 8 de marzo de 2026 dejaron señales importantes sobre el comportamiento electoral del país y reactivaron una posible mayor participación ciudadana de cara a las presidenciales.
Según datos de la Registraduría Nacional, en las elecciones de Congreso de este año la participación superó el 50 %, una cifra que no se alcanzaba desde hace varios años y que representa un incremento de más de tres puntos porcentuales frente a los comicios legislativos de 2022, cuando la participación fue del 47 %.
Los datos también muestran que los votos nulos disminuyeron en más de 150.000 frente a las elecciones legislativas anteriores, mientras que de los 41,2 millones de ciudadanos habilitados para votar, cerca de 9,5 millones correspondían a jóvenes entre los 18 y 28 años.
Para Yann Basset, analista político de la Universidad del Rosario y uno de los autores del estudio sobre participación juvenil, el comportamiento de los jóvenes ya probó que puede definir una elección presidencial en Colombia. Según explicó, el fenómeno de 2022 no solo estuvo marcado por un mayor respaldo juvenil hacia la izquierda, sino también por una movilización sin precedentes de un grupo poblacional históricamente asociado con la abstención.
Basset advierte que uno de los grandes desafíos para la izquierda, en estas elecciones, será justamente mantener movilizado ese electorado juvenil que hace cuatro años salió masivamente a votar. Según el analista, candidatos como Iván Cepeda no generan el mismo nivel de entusiasmo político ni conexión emocional que logró Gustavo Petro durante la campaña.
“Tiene mucho menos carisma, es un estilo mucho más serio, mucho más clásico; entonces, es un desafío para la izquierda”, afirmó el académico.
La diferencia también radica en que en 2022 la campaña presidencial estuvo atravesada por las protestas sociales, la inconformidad frente al gobierno de Iván Duque, el debate sobre el desempleo juvenil, la reforma tributaria y el acceso a la educación. Hoy, aunque persisten las preocupaciones económicas y sociales, varios analistas consideran que la juventud ya no tiene el mismo protagonismo político dentro de la campaña.
Carlos Charry, director del Doctorado en Estudios Sociales de la Universidad del Rosario, considera que una de las principales diferencias frente a las elecciones pasadas es justamente la pérdida de visibilidad de los jóvenes en la agenda electoral. “En esta campaña los jóvenes han pasado un tanto desapercibidos y no son tema de campaña”, aseguró.
El académico explicó que buena parte de las expectativas que este sector tenía frente al actual Gobierno quedaron a medio camino, especialmente en temas como educación, empleo y acceso a oportunidades. “Sí hay una serie de medidas y acciones que se esperaba que este gobierno tomara y muchas de ellas quedaron en vilo o a medias”, sostuvo. Entre los temas mencionados por el analista aparecen la financiación de las universidades públicas, la reforma al Icetex y las políticas de empleo juvenil.
Ese desencanto podría convertirse en un factor determinante este año, especialmente si disminuye la movilización juvenil en las urnas. Y es que, aunque existe una tendencia de los votantes jóvenes hacia sectores alternativos o de izquierda, el comportamiento político de esta población está lejos de ser uniforme. El gran reto sigue siendo lograr que participen.
¿Menos abstención?
De hecho, los niveles de abstención continúan siendo uno de los principales desafíos para este electorado. Aunque en las presidenciales de 2022 más de 6,2 millones de jóvenes entre 18 y 25 años estaban habilitados para votar, solo 3,3 millones acudieron a las urnas, según explicó Felipe Jaramillo, politólogo de la Universidad Javeriana.
La situación también quedó en evidencia en las elecciones de Consejos de Juventud de 2025, donde participaron apenas 1,5 millones de los 11,7 millones de jóvenes habilitados, reflejando la distancia que todavía existe entre el interés político juvenil y la participación electoral efectiva.
Pese a que diferentes informes como Jóvenes en Sociedad 2025 y el estudio NextGenC muestran que los jóvenes mantienen interés en la democracia y en los debates públicos, la desconfianza hacia las instituciones sigue siendo alta. Jaramillo advierte que esa combinación convierte a los votantes jóvenes en uno de los sectores más impredecibles de estas elecciones, especialmente porque también concentran el mayor número de indecisos.
El mismo estudio de la Universidad del Rosario dice que más que un “efecto edad”, en Colombia existe actualmente un “efecto generación”. Es decir, una nueva generación menos identificada con el uribismo y más abierta a distintas alternativas políticas.
Sin embargo, eso no significa necesariamente una fidelidad permanente hacia la izquierda. “Existe cierta aversión a las candidaturas de derecha, pero no necesariamente un apoyo definitivo a la izquierda”, comenta el informe.
Charry aclara que hoy también existe una fuerte presencia de jóvenes alineados con discursos conservadores y figuras de derecha, muy impulsados desde redes sociales. “Muchos influencers jóvenes apoyan las ideas de los candidatos de derecha también”, afirmó.
Para Juan Nicolás Garzón, profesor de Ciencia Política de la Universidad de La Sabana, el voto juvenil actual refleja precisamente esa polarización que vive el país. “No podemos decir que ese voto joven está capturado solamente por la izquierda”, señaló el analista.
Garzón explica que mientras algunos sectores juveniles se identifican con agendas progresistas relacionadas con derechos sociales, cambio climático o educación, otros se sienten atraídos por discursos conservadores asociados al orden, la seguridad y el desencanto con la política tradicional. “Hay una serie de valores conservadores que han tomado cierta fuerza dentro de estos segmentos de la población”, aseguró.
Para el docente y analista político Yann Basset, existe una diferencia clara dentro del electorado de las nuevas generaciones que responde a las referencias políticas y culturales con las que se formó cada grupo.
El académico sostiene que parte de la división actual dentro del electorado juvenil también responde a esas nuevas referencias políticas y culturales. Mientras algunos sectores siguen identificándose con discursos progresistas y demandas sociales surgidas durante el estallido social, otros jóvenes se sienten atraídos por figuras que promueven narrativas de autoridad, seguridad y confrontación directa contra la política tradicional.
El papel de las redes sociales también aparece como un factor clave dentro de esta disputa política. Si en 2022 plataformas como TikTok impulsaron la imagen de candidatos como Rodolfo Hernández entre sectores juveniles, hoy las campañas digitales son aún más agresivas, inmediatas y segmentadas.
El estudio académico de la Universidad del Rosario señala que las plataformas digitales se convirtieron en una vía fundamental para acercarse a los jóvenes, un grupo que históricamente participa más a través de movilizaciones y expresiones digitales que mediante los mecanismos tradicionales.
Sin embargo, este protagonismo en la virtualidad plantea grandes amenazas, ya que ha incrementado la circulación de desinformación y contenidos polarizantes. Al respecto, el experto Juan Nicolás Garzón asegura que “los jóvenes están susceptibles a estar desinformados y expuestos a mucha información falsa que circula en redes sociales”.
A este escenario de desinformación se suma otro desafío crítico: que el activismo digital no siempre se traduce en votos. Para Garzón, aunque hoy existe una juventud más informada y con mayor interés por los debates públicos, especialmente entre estudiantes universitarios y sectores urbanos de clase media, ese entusiasmo en las redes sociales no garantiza necesariamente una participación masiva en las urnas.
“Creo que se ha adquirido un grado de madurez política un poquito más alto”, aseguró el analista, quien considera que el acceso permanente a la información, las redes sociales y los debates digitales ha hecho que muchos jóvenes tengan posiciones políticas más definidas.
Aun así, el comportamiento electoral juvenil sigue siendo uno de los más impredecibles de la elección presidencial. Los expertos creen que los altos niveles de abstención, el número de indecisos y la facilidad con la que este electorado cambia de preferencia política hacen difícil anticipar su comportamiento. Sin embargo, coinciden en que cualquier variación en la participación de los jóvenes puede terminar inclinando resultados cerrados, como ocurrió hace cuatro años.