Groenlandia, una de las regiones más aisladas y frías del mundo, se ha convertido en nuevo epicentro de las tensiones en materia geopolítica, luego de que Estados Unidos hiciera público su deseo de anexarla, alegando razones de seguridad e intereses nacionales.

La isla, que forma parte de Dinamarca, es un punto crucial, tanto por la disponibilidad de sus recursos naturales como por la importancia de las rutas marítimas del Ártico que la rodean.

Personas ondean banderas groenlandesas durante una manifestación que reunió a casi un tercio de la población de la ciudad para protestar contra los planes del presidente estadounidense de apropiarse de Groenlandia, el 17 de enero de 2026 en Nuuk, Groenlandia. | Foto: AFP or licensors

Para Raquel Ceballos Molano, decana de la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad del Valle, estas rutas cobran especial importancia debido al ingreso de economías emergentes, como China, y la ‘Ruta de la seda’, la antigua red que permitía el tránsito de comercios entre Asia, Europa y África, y que ahora el gobierno de Donald Trump busca limitar.

Según ella, el presidente de EE. UU. “quiere cortar esas posibilidades globales a países que en su momento fueron los que iniciaron estas expediciones, porque el desarrollo comercial se ha dado a través del mar, que es la gran autopista del mundo comercial”.

Por su parte, para Enrique Prieto-Ríos, profesor de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario, dichas relaciones geopolíticas pasan, especialmente, por aspectos de seguridad nacional.

Para él, lo que Washington busca con Groenlandia es “usarla como una barrera o muralla de protección frente a posibles actividades militares, tanto rusas como chinas”. Pero la propuesta de Trump amenaza con desencadenar un sismo diplomático entre su país y Europa, que ha cerrado filas a nivel diplomático y militar en defensa de la soberanía de la isla.

Por ello, esta semana Reino Unido, Alemania y Francia, entre otros miembros de la Otan, anunciaron el envío de una misión de soldados de exploración a Groenlandia, mientras que el tema fue abordado igualmente este jueves durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, donde Trump estuvo presente.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que no interpondría una nueva subida de aranceles a países europeos que estén en contra de sus políticas expansionistas. | Foto: AFP or licensors

“Es una parte muy importante, porque todo se proyecta sobre Groenlandia. Si los malos empiezan a disparar, el sistema se proyecta sobre Groenlandia. Así que lo derribamos. Es prácticamente infalible. Es increíble”, dijo el Mandatario republicano durante la cumbre.

Pero antes, en una jugada que algunos tildaron de estratégica, el miércoles suavizó su posición al descartar tomar la isla por la fuerza y retractarse del anuncio de nuevas subidas arancelarias a los países miembros de la Otan que se mostraran en contra de sus deseos de quedarse con esa porción del Ártico.

Para Enrique Serrano, profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, la amenaza arancelaria, que para algunos podría regresar en cualquier momento, “es una medida de presión típica, es su estrategia”.

Agrega que lo que Trump espera obtener, en varios de estos casos, es movilizar la agenda internacional hacia los temas que le interesan, y para esto echa mano del poderío económico de los Estados Unidos en varias regiones del mundo.

Luego de lo ocurrido en Venezuela a inicios de año, otro de los temores frente a este nuevo conflicto geopolítico es el de una acción militar en tierra groenlandés.

Para Prieto-Ríos, hay diferencias entre un caso y otro que permiten asegurar que dicho escenario sería bastante improbable: “En Venezuela, según la narrativa de la Casa Blanca, no hubo una intervención militar, sino una orden de captura contra un personaje que está siendo investigado por narcotráfico, y la única forma de hacerla efectiva era pidiendo el apoyo de las fuerzas militares”.

Y sigue: “En el caso de Groenlandia, no hay un líder que quieran sacar. La única forma en la que, en teoría, Trump pudiera adelantar algún tipo de acción militar sería con permiso del Congreso, y eso ya sería un ataque a Dinamarca”.

La isla sería un nuevo referente en materia geopolítica por las rutas de transporte marítimo que la rodean y por los recursos naturales debajo del hielo. | Foto: AFP or licensors

Lo cierto es que la presencia del Gobernante estadounidense en Davos no logró disipar todas las dudas, puesto que, tras su reunión con el secretario general de la Otan, Mark Rutte, se conocieron versiones diferentes sobre lo supuestamente convenido entre ambos.

“Yo mismo no sé qué contiene exactamente el acuerdo relativo a mi país”, lamentó el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, durante una conferencia de prensa en Nuuk, la capital de la vasta isla ártica.

Sin embargo, la soberanía y la integridad de ese territorio autónomo danés constituyen una “línea roja”, repitió.

Por ello, pese al evidente alivio por la nueva actitud del presidente Trump, los jefes de Estado y de Gobierno del Viejo Continente se reunieron en Bruselas la noche del jueves y reiteraron su respaldo a Dinamarca y Groenlandia.

Esta crisis “crea un precedente sobre cómo podemos actuar de manera eficaz en este tipo de situaciones”, aseguró un diplomático europeo, pero “nadie dirá que ya está, hemos restablecido la estabilidad” con Trump.

Y de su lado, el presidente francés, Emmanuel Macron, sostuvo que “estamos en una situación que parece mucho más aceptable, aunque nos mantenemos vigilantes”, tal vez porque, como dijo otro diplomático bajo la condición del anonimato, “estamos a un tuit de la próxima crisis” con la Casa Blanca.