Este lunes 20 de julio el Congreso de la República da inicio a un nuevo periodo legislativo que puede calificarse como excepcional. Con cambios importantes en las fuerzas políticas que integrarán las dos cámaras, y a las puertas del nuevo gobierno que asumirá funciones en pocas semanas, de quienes ahora integrarán este poder público dependerá en gran parte el papel que cumpla el Estado para la recuperación de Colombia.

Con las finanzas públicas en riesgo por el más alto déficit fiscal en décadas, un sistema de salud en crisis, el deterioro de la seguridad en el territorio nacional y decisiones necesarias sobre asuntos energéticos o sobre la sostenibilidad misma del Estado, la actividad que se adelante tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes será esencial para garantizar la estabilidad de la Nación, así como el bienestar de 52 millones de colombianos. Será en esos aspectos y en hacer el control político imperativo sobre el Ejecutivo donde deberá concentrarse el trabajo que adelante el Legislativo elegido por voto popular para los próximos cuatro años.

El entrante Congreso de Colombia llega con cambios importantes en su conformación. Por primera vez, los partidos de izquierda, representados en el Pacto Histórico, tendrán el más alto número de integrantes en Senado y Cámara, mientras desde el lado de la derecha, el Centro Democrático contará con la segunda bancada con más integrantes. Ninguno, per se, alcanzará las mayorías necesarias, ya sea para hacer una oposición radical al gobierno entrante de Abelardo de la Espriella o para allanar el camino a las propuestas presentadas por el próximo Presidente o sus ministros.

No obstante, es de esperar que la unión entre las colectividades que han mostrado su apoyo a quien ocupará la Casa de Nariño a partir del 7 de agosto facilite, al menos en principio, el avance de las medidas que se deberán acoger para sortear los múltiples y graves problemas que hoy padece la Nación. Será más que importante el control que ejercerá la oposición, tal como es su deber constitucional, sin que ello signifique que se antepongan los intereses politiqueros o clientelistas a la solución de los problemas que afectan hoy a todo un país.

Mención especial merece el papel que deberá desempeñar la bancada del Valle del Cauca en los próximos cuatro años. Sería una decepción repetir la negligencia y la desatención que mostraron buena parte de los congresistas de la región frente a las múltiples necesidades del departamento y a la indiferencia, por no decir abandono, demostrado por el gobierno de Gustavo Petro. No se les puede olvidar a los nueve senadores y trece representantes a la Cámara que su elección fue posible por la voluntad de los vallecaucanos y que su deber es velar por los intereses de la comarca, para lo cual requerirán trabajar unidos a pesar de sus diferencias.

A pocas horas de la instalación del nuevo Congreso de la República, la coherencia, tanto como la cohesión que demandan el país y los colombianos, deberían imponerse en el Legislativo, garante de la democracia y el Estado de Derecho.

Al cierre de esta edición está pendiente la conformación de mesas directivas y la elección de los presidentes tanto del Senado como de la Cámara de Representantes, así como de las diferentes comisiones que integran las dos corporaciones. Sería un buen mensaje que las bancadas que apoyan al gobierno entrante lograran surtir ese trámite de manera tranquila y consistente con la armonía que se espera de quienes tendrán en sus manos la definición de los proyectos y leyes que se necesitan para que Colombia dirija su senda hacia el progreso y la estabilidad que tanto necesitan sus ciudadanos.