Me contó en una entrevista la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, que perdió en enero el bebé que esperaba con su esposa, la senadora Angélica Lozano. Quedaron embarazadas tras un intenso proceso de fertilidad. Agotador y largo, como son siempre esos procedimientos.
Ellas, tras saber la esperada noticia, se fueron de descanso una semana y al regreso sus opositores políticos las recibieron como perros furiosos desbocados. Hubo mucho estrés en la casa, muchas críticas, mucha angustia y Angélica perdió el bebé.
Desde entonces se preguntan qué hubiera pasado si tanto malestar no se hubiera colado en su hogar. A la alcaldesa la condenaron por haberse tomado una semana libre cuando el pico del covid aumentaba en Bogotá, en pleno comienzo de año y tras un tiempo atroz en el que a todos la muerte nos miró a los ojos.
La laceraron a punta de críticas por haberse ido de vacaciones, como si descansar fuera un pecado mortal.
Sobre eso quiero reflexionar hoy: ¿Desde cuándo tomarse un descanso, parar, es motivo de incendio? Recuerdo cuando Barack Obama en plena presidencia se iba de vacaciones a Hawaii en diciembre o se tomaba unos días libres con su familia durante el verano. Aparecía por ahí jugando golf o en pantaloneta haciendo surf en la playa.
Al principio, sus críticos armaron la de Troya, como se la armaron a la alcaldesa. Pero con el tiempo y la imposición de Obama, el descanso se normalizó y todos entendieron que para tomar decisiones hay que haber dormido bien. Haber descansado.
Aquí en Colombia nos caracteriza la desafortunada herencia del descanso ausente, como si fuéramos máquinas de producción que no necesitan apagarse. Los mandatarios se van de vacaciones casi que a escondidas y no falta el video viral de la crítica al que está de paseo con su familia. O con quien quiera. Está prohibido descansar. Y, a veces, está prohibido hasta ser feliz.
Absurdo. Tener tiempo libre, tiempo de descanso es algo que todos necesitamos. Sobre todo, después de tiempos atroces y de lidiar con excesos, como los que hemos lidiado en los últimos meses por cuenta del covid. Descansar es indispensable para proteger el corazón y para que todos los órganos del cuerpo funcionen mejor, para que el cerebro sea más productivo, para aumentar la creatividad, para inspirarnos más, para ser más felices. Pero, especialmente, para estar con los que amamos, para olvidarnos de los problemas, divertirnos, reírnos y salirnos por un rato de las hostilidades del mundo.
Y ustedes, ¿cuándo fue la última vez que descansaron?
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