Este 20 de julio se instaló un nuevo Congreso de la República, marcado por una transformación histórica: más del 60 % de sus integrantes llegan por primera vez al Capitolio. Su instalación estuvo acompañada por una intensa disputa por las mesas directivas, especialmente por la Presidencia del Senado, anticipando un periodo legislativo marcado por la confrontación entre el Gobierno Nacional y la oposición, entre partidos e, incluso, entre regiones.
Por eso vale la pena preguntarnos cómo quedó representado el Valle del Cauca. En la Cámara conservamos nuestras 13 curules. En el Senado, donde la elección es nacional, hemos venido perdiendo peso: pasamos de 12 senadores en 2018 a 10 en 2022 y ahora iniciamos con solo nueve. En total, el Valle contará con 22 congresistas de un total de 296 que conforman el Congreso. Seguimos por debajo de Antioquia, que tendrá 28, y muy lejos del bloque Caribe, que reúne cerca de 60 congresistas y se consolida como el de mayor incidencia en el país.
Nuestros congresistas discutirán las reformas nacionales e integrarán las comisiones constitucionales. Pero su responsabilidad regional va más allá: gestionar recursos, impulsar proyectos estratégicos y actuar como una sola voz cuando estén en juego los intereses del Valle. Por eso renace la pregunta que nos hacemos cada cuatro años: ¿seremos capaces, esta vez, de defender los intereses del departamento por encima de las diferencias políticas?
Más allá de quién haya ganado las elecciones, el verdadero reto apenas comienza, porque el desarrollo del Valle no depende únicamente de Bogotá. También depende de nuestra capacidad de actuar como región.
He sostenido durante años una idea sencilla: el Valle necesita una articulación permanente entre cuatro pilares: la Gobernación, la Alcaldía de Cali, el sector privado —con los gremios y la academia— y la bancada parlamentaria. Cuando estos actores trabajan alrededor de una agenda común, el departamento gestiona más recursos y defiende mejor sus intereses ante cualquier Gobierno Nacional, sin importar quién ocupe la Presidencia.
Los últimos cuatro años dejaron una lección: tuvimos una Gobernación y una Alcaldía de Cali coordinadas, mientras el sector privado y la academia impulsaban una agenda compartida de competitividad y empleo. Pero el cuarto pilar fue el más débil. El Valle no logró consolidar una bancada que actuara de manera unificada cuando estaban en juego los intereses del departamento; con frecuencia, las diferencias ideológicas y la polarización nacional se impusieron sobre las necesidades de la región. Mientras otras regiones defendían conjuntamente sus prioridades, el Valle habló con varias voces —y algunos, en lugar de sumar, dividieron y desinformaron.
Ese es un lujo que no podemos seguir dándonos. Cuando hablamos del Valle no debería haber discusión sobre las prioridades: son causas regionales, no partidistas. A eso me refiero cuando hablo de estar verdaderamente Unidos por el Valle.
Esto no significa renunciar a las diferencias políticas ni votar igual en todos los debates nacionales —la democracia necesita pluralidad y oposición—, pero también necesita consensos cuando están en juego los intereses superiores de la región.
Deberíamos ser capaces de actuar como un solo bloque para impulsar los proyectos estratégicos que definirán el futuro del departamento: culminar las grandes obras de infraestructura, recuperar el liderazgo nacional, garantizar el saneamiento financiero del sistema de salud, fortalecer la seguridad, gestionar más recursos para educación, vivienda y programas sociales, e impulsar una agenda de industrialización y desarrollo productivo que genere más empleo formal y aumente la competitividad del Valle.
Quizá ha llegado el momento de un gran acuerdo regional. No entre políticos, sino entre todos los actores capaces de transformar el Valle: la Gobernación, la Alcaldía de Cali, el Congreso, el sector privado, los gremios, las universidades, los medios y, especialmente, la ciudadanía, que debe participar, hacer veeduría y exigir resultados. Un acuerdo de largo plazo que trascienda gobiernos y calendarios electorales, porque los presidentes, gobernadores, alcaldes y congresistas cambian, pero los desafíos del Valle permanecen: la infraestructura sigue pendiente, la seguridad es urgente, la competitividad no espera y el empleo sigue siendo el principal reto de miles de familias vallecaucanas.
Ojalá que este nuevo Congreso entienda que representar al Valle del Cauca significa mucho más que ocupar una curul. Y ojalá que los ciudadanos también asumamos nuestra responsabilidad: conocer cómo votan nuestros congresistas, qué proyectos impulsan y si realmente están defendiendo los intereses del departamento por encima de los partidistas.
Cuando el Valle habla con una sola voz, el país lo escucha. Cuando habla dividido, pasa a un segundo plano.
La política nacional seguirá dividiendo opiniones. Eso es natural en una democracia. Lo que no puede seguir dividido es el Valle del Cauca.
El Valle no necesita que todos sus líderes piensen igual. Necesita líderes que, aun pensando distinto, sean capaces de defender juntos aquello que nos une. Necesita líderes que sumen y no que resten. Eso, en esencia, es estar verdaderamente Unidos por el Valle.
@edwinhmaldonado