La paz total le ha causado graves daños al país. El fortalecimiento de los grupos armados irregulares, el desmantelamiento de la Fuerza Pública y el desbordamiento del narcotráfico son el legado de la paz de Petro. Es una realidad el deterioro del orden público y de las condiciones de seguridad de quienes hacen parte del ejército y de la policía. No podemos seguir siendo indiferentes frente a la matanza incesante de policías y soldados. Eso tiene que parar.

Los esfuerzos de paz total del gobierno cerraron el 2025 con saldo en rojo y demostraciones de violencia por parte de los grupos criminales. El año pasado fue el año más violento y con peores resultados para la Fuerza Pública en más de una década. La paz total que Petro se empeña en sostener, a pesar de los malos resultados para la seguridad en varias regiones, dio a los criminales innegables ventajas estratégicas.

Por causa de una estrategia errada de abrir muchas negociaciones a la vez con grupos que no han demostrado su voluntad de paz y que, por el contrario, han incrementado sus delitos contra los ciudadanos, se ordenó el repliegue de la Fuerza Pública.

La situación actual del orden público es crítica. No solo por el deterioro de la seguridad, sino porque el mensaje que se transmite desde el Ejecutivo parece más cercano a la complacencia que a la firmeza. Lo que el Gobierno debe enviar son señales claras de autoridad. Los colombianos exigen la certeza de que el gobierno está al lado de las víctimas y de quienes cumplan la ley. Y es que querer la paz no puede traducirse en tolerar el crimen organizado.

El optimismo de Petro en algunas de sus peroratas contrasta con los problemas de seguridad que está viviendo la gente en las zonas urbanas y en las rurales. Desconoce que se incrementaron los homicidios, el secuestro y la extorsión; crece la presencia de los grupos armados irregulares en los territorios y aumentan los desplazamientos de la población, en medio de la confrontación entre bandas armadas.

Cuando un gobierno negocia sin contraprestaciones claras y sigue financiando procesos aun cuando están suspendidos, lo que construye no es paz. Es impunidad con presupuesto. La estrategia de la paz total no está funcionando. No más gastadera de presupuesto en algo que nunca se podrá llamar paz, sino alcahuetería con los violentos y desprecio por las víctimas.

Los paros armados del Eln muestran los enormes errores en mesas de negociación mal planteadas dentro de la fallida estrategia de la paz total, a partir de la debilidad de un Estado complaciente. Grupos ilegales y estructuras del narcotráfico fortalecidos en este gobierno seguirán desafiando al Estado. Sin una buena inteligencia y con mandos militares que no han acumulado la experiencia necesaria, el reto de recuperación del orden público será enorme.

La principal preocupación de los colombianos hoy es la seguridad en las ciudades y en los campos. Quienes ganen credibilidad ante la opinión pública en materia de seguridad obtendrán un gran apoyo electoral. Colombia no puede permitirse cuatro años más de gobierno del Pacto Histórico. El petrismo debe ser derrotado con argumentos y con votos.