Hace unos días, y en buena hora, este periódico dio audiencia a un importante llamado que una alianza de instituciones académicas de la región (Universidades Javeriana, Icesi, del Valle, Autónoma de Occidente y San Buenaventura) hacen respecto del futuro de la ciudad y lo que está en juego.
La nota se publicó con el título ‘Cali y la necesidad de una conversación estratégica de ciudad de largo plazo’ y a renglón seguido enunciaba que “el futuro de Cali no se definirá por la cantidad de instrumentos aprobados, sino por su coherencia y gobernanza en la gestión y la implementación”.
¿Una conversación estratégica alrededor de qué temas?
Son varios que convergen en la actual coyuntura y definirán en buena medida, para bien o para mal (dependiendo de cómo se gestionen e implementen) y por varios años, el futuro de todos los caleños. Estos que el documento de la Alianza de Universidades define como instrumentos decisivos, son cuatro: el Plan de Ordenamiento Territorial POT, el Área Metropolitana del Suroccidente Amso, la reglamentación del Distrito Especial y la visión Cali 500+.
Y por su importancia, yo agregaría la discusión que actualmente tiene curso en el Concejo Distrital de Cali en relación con una Política Pública de Reconciliación para la Paz, que ha presentado la Alcaldía (Secretaría de Paz), lo cual va al centro de una propuesta de campaña del señor alcalde Alejandro Eder sobre una ‘Cali Reconciliada’.
Individualmente considerados, cada uno de estos temas reviste la mayor de las importancias pero de conjunto dan cuenta exponencialmente de una extraordinaria oportunidad de cambio y transformación de la ciudad, lo cual implica un esfuerzo técnico de conectarlos entre sí, pero también, y primordialmente, la tarea de lograr consensos sociales y políticos en la ciudad para hacerlos realidad. Para citar tan solo un ejemplo de las ‘interconexiones’ baste señalar que un nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT), entre todo lo que implica en muchas dimensiones, puede ser la clave (la fuente) para resolver o agravar muchas de las conflictividades presentes actualmente en la ciudad.
Pero al hablar de construir un consenso social y político en la ciudad para tramitar estos temas estratégicos, no se hace referencia solo a los acuerdos políticos con las bancadas aliadas en el Concejo Distrital o con la representación gremial y empresarial de la ciudad, sino también, y por sobre todo, con sectores sociales y políticos que incluso hoy puedan estar en franca oposición a la administración distrital.
En los momentos más difíciles de las movilizaciones y protestas del año 2021 (‘estallido social’) e inmediatamente después de ellos, y en medio del dolor por las vidas sacrificadas y las ruinas de la devastación, surgieron varias iniciativas de distinto origen (Iglesia, academia, empresarios, sociedad civil) que reconocieron la realidad de una ciudad fracturada y profundamente desigual que necesitaba reconciliarse para poder construir un destino compartido, a partir de mínimos comunes y aun en medio de enormes diferencias.
Aunque en esa dirección ha habido notables logros y avances, estos no alcanzan para sugerir siquiera que esta ciudad está en camino de estar unida para poder construir, creer y comprometerse con una visión común.
Se requiere de un gran esfuerzo y mucho compromiso de múltiples sectores, para asumir un gran Acuerdo por Cali, en un momento adicionalmente complejo, dada la presente coyuntura política, pero resulta ser un imperativo buscarlo y trabajarlo, por difícil o incluso imposible que parezca.
Es una oportunidad excepcional también para el señor Alcalde y su administración en la búsqueda de la Cali del futuro, la de los 500 años (2036) y también reconciliada.