Las cifras de Turismo del Valle y Cali que con tanto orgullo exhiben autoridades son ridículas. 23.000 turistas internacionales e ingresos a Cali por la feria de 2 millones de dólares fueron las más recientes.

La situación en el país no es muy distinta, especialmente si se tiene en cuenta que muchos nacionales que regresan de visita son registrados como turistas. En el solo dato de la asistencia a parques la diferencia es apabullante: 300.000 en Panaca contra 80 millones en Disney, 15 millones Riviera Maya, y 3 millones Parc Asterix en Francia.

A pesar de tener abundante tierra plana en uno de los entornos climáticos más benignos del mundo, nuestro turismo es de llorar. ¿Por qué?

Hay tres razones: la primera, conocida por todos, es la inseguridad. Mientras no seamos capaces de entender que con autoridad se impone el respeto por la vida y lo ajeno, no saldremos de la pobreza ni podemos pretender que nos miren con interés; la segunda es la infraestructura. Solo aquí se ven bestialidades como un estadio enorme en la mitad de un cañaduzal sin vías de acceso. Sin transporte y accesos adecuados, no es posible salir de la pequeñez; la tercera es la falta de visión. Todos los proyectos se ajustan a “nuestra realidad” que resulta siempre pichicata.

La conjunción de un alcalde y una gobernadora, verdaderamente progresistas, es decir que entienden los factores que determinan el progreso representa una oportunidad única, para que entre ciudad y departamento piensen en grande. La zona de Palmaseca tiene además de un aeropuerto subutilizado, una infraestructura de vías excepcional para el país. Si se proyecta un gran parque de atracciones, Cali y el Valle se pueden posicionar como el centro de turismo al sur del río Bravo. Realizable con la atracción de inversionistas locales e internacionales y un operador importante. Ya se oyó la noticia del Alcalde de Pereira coqueteando con Disney.

Un parque de atracciones de calibre en el Valle es posible y plantea un futuro de generación de empleo verde y recursos para la región, contribuyendo a crear una cultura de respeto por los demás y el medio ambiente. El Zoo de Cali ha demostrado que con gestión honesta y visionaria es posible y el público responde. Proyectos médicos como Valle del Lili, Imbanaco y otros, han probado lo que el sector privado con fe y visión, pueden lograr.