No creo que el triunfo de los demócratas en las elecciones intermedias en los Estados Unidos hubiera sorprendido a nadie. Lo que sí resultó bien. Sorprendente fue la dimensión del triunfo. Se habla de una ola o tsunami azul, que es el color que ostenta el partido demócrata y considera una victoria extraordinaria. Histórica.

Y también es extraordinario y sorprendente el comportamiento del presidente Trump después de la derrota. Se atreve a decir que él no estaba en el tiquete de votación, y eso explica que los republicanos hubieran perdido. Una manera de decir que él no perdió, sino su partido. Algo muy extraño.

Y luego, los medios de comunicación del jueves recogen perplejos el comportamiento del presidente Trump al día siguiente de la derrota. Mostró, principalmente, la belleza del nuevo salón de baile que se ha construido en la Casa Blanca y que él considera que es el más bello, y así en referencia a otras cuestiones que podríamos llamar banales y que le permitían eludir o negar el hecho histórico que había ocurrido el día anterior.

Es que la derrota que sufrió el Partido Republicano fue enorme. No hay cómo disimularla o mitigarla. Y claro, va a tener consecuencias en los dos años que restan de la administración del presidente Trump como quiera, y eso no es común, que el Partido Demócrata asumió control de ambas cámaras en el congreso, y ello implica el control de las principales comisiones, con lo cual queda fortalecido el sistema de pesos y contrapesos en el régimen político americano, una real y muy significativa separación de poderes.

Se habla, entonces, de un colapso histórico y se dice que el presidente Trump fue el ingeniero de ese colapso. Los estudiosos recuerdan un caso similar en 1946, cuando el presidente Truman, que no tenía todavía la estatura política que luego obtuvo, perdió las elecciones. Los republicanos obtuvieron 55 sillas más en la cámara y 13 adicionales en el Senado, así como tres gobernaciones adicionales.

No sobra recoger la reflexión que hicieron en Teherán sobre el resultado electoral. Dicen que derrotaron a Trump en el campo de batalla, militarmente y políticamente en Washington. Cómo se sabe y parece ser una consideración unánime, la guerra de Irán ha sido considerada un enorme error de Trump, que ocasionó el alza de los precios de la gasolina y en general de los precios, un factor determinante en el comportamiento de los votantes.

Vale la pena llamar la atención sobre el comportamiento de los votantes en algunos estados, en los cuales se estaban considerando la construcción de centros de datos (data centers), y ello llevó a una actitud negativa que se traduce en un voto contra los republicanos. Un tema que conviene explorar mejor.

Y no sobra seguir, con el máximo cuidado, el comportamiento del voto latino cada día más significativo en la vida política estadounidense.

Y perdió, valga decirlo, el gran dinero. Elon Musk le otorgó 474 millones de dólares al artido republicano para la campaña.

Se difunde la opinión de algún republicano que dijo que había visto al enemigo y que este era ellos mismos. Una situación que es muy frecuente en la vida política.

Una nueva situación política que les recuerda a todos los países que sus relaciones diplomáticas no pueden ser meramente partidistas. La diplomacia mira hacia el Estado y trabaja con los gobiernos.