Los colombianos hemos comprobado que no son los políticos los que unen a una Nación, menos aún los que en sus posiciones extremas dividen la sociedad y convierten la política en un combate permanente. Cuando parecía que las cartas estaban echadas y continuaríamos esa predecible historia, ocurrió lo inesperado para enseñarnos que otro camino es posible.
A veces una crisis sirve de catalizador para sintonizarnos con las necesidades de nuestro pueblo. Se produce un fenómeno sociopolítico y psicológico en una suerte de conciencia colectiva, que mueve a la solidaridad y a la unión sin distinción de credo o partido, para un fin común. Ha tenido que suceder un terremoto de 7,4 con epicentro en San José del Palmar, en Chocó, para que se alineen los astros en el cielo y se emprenda una acción conjunta enderezada a sacar ese departamento de los años de olvido entre el mar y la selva, y a atender por fin sus necesidades.
Las poblaciones del Chocó han enfrentado históricamente la violencia, el desplazamiento y la pobreza sin que gobiernos o legisladores idearan una solución a tan profunda brecha social y económica, y sin que la descentralización les resolviera los problemas estructurales, ni su dependencia del centralismo y de las transferencias de la Nación. Ahora, ante las calamidades y urgencia por el siniestro, surgió la convicción de que si todos ponen, se puede saldar la deuda y emprender su recuperación y desarrollo, objetivo para el cual han acudido con prontitud el Gobierno Nacional y local, empresas, ciudadanía y comunidades, incluso la famosa Shakira impulsando donaciones, la construcción de diez escuelas y la recuperación de la Universidad Tecnológica.
Para brindar su apoyo, autoridades y sectores, así como la gobernadora Nubia Carolina Córdoba Curi al agradecerlo, han dejado de lado las diferencias ideológicas caducas para solidarizarse con los compatriotas chocoanos y enfocarse en que merecen las mejores condiciones de vida dentro de una región con costas en los dos océanos, una extraordinaria biodiversidad y riquezas en fauna, flora, especies nativas de alto valor, minerales, ríos, manglares, ciénagas y selva húmeda tropical.
Son igualmente importantes los valores culturales de las comunidades afrodescendientes que predominan, de quienes provienen valiosos aportes musicales con el grupo Chocquibtown y las grandes orquestas de inspiración chocoana: el Grupo Niche y Guayacán. También es cierto que, como dijera el gran escritor Óscar Collazos sobre los suyos, el chocoano es también el mestizo, el mulato, el negro, el blanco y el indígena, y “además de saberse pacífico, cree que en cualquier momento se empezará a hacerle justicia”.
La movilización de recursos públicos y privados abrirá positivas perspectivas, entre estas la construcción del Malecón en Quibdó para reactivar el turismo a la orilla del Río Atrato, vías para conectar regiones y salidas al mar Pacífico, la modernización energética, semillas para emprendimientos y comunicaciones, entre otros proyectos. Si con el debido seguimiento y control, estos llegan algún día a feliz término, se habrá alcanzado un cometido histórico colectivo.
Como lo recuerda la canción de salsa Pedro Navaja, del compositor Rubén Blades y el músico Willie Colón, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, pues el destino puede cambiar de un momento a otro, para mal o para bien.