El otro día, en medio del partido de cuartos de final del Mundial entre Argentina y Suiza, las cámaras enfocaron a Lionel Scaloni, técnico de la albiceleste, discutiendo un planteamiento táctico con el volante Leandro Paredes, quien le estaba sugiriendo a su entrenador que incluyera un defensor central para cuidarle un poco más la espalda. La imagen dio mucho de qué hablar, porque si bien unos cuestionaron la autoridad del estratega, otros, muy cercanos a mi pensar, elogiaron esa capacidad de Scaloni de escuchar los consejos de sus dirigidos sin dejar que el ego le gane la partida.

Porque hoy en día, en un mundo tan polarizado y violento como en el que vivimos, me parece positivo sacar a relucir un liderazgo que a veces es muy subestimado en la vida (y en el fútbol), que es el del mentor que dirige, pero que es empático, el del líder que habla fuerte, pero con el que también se pueden llegar a acuerdos que lleven lejos a un grupo de personas.

Pongo sobre el papel el nombre de Scaloni porque antes de su llegada al banquillo de Argentina en el 2019 (antes fue asistente), la albiceleste era un equipo en caos, que llevaba más de veinte años sin ser campeón y que quemaba a todos los jugadores que se ponían su camiseta. Messi, el mejor futbolista de todos los tiempos, vivió épocas muy oscuras cuando ni siquiera con su talento podía evitar que el equipo fracasara en varias Copa América y Mundiales.

Entonces llegó Scaloni, quien nunca antes había sido primer entrenador, pero que ha dado a todos un ‘master class’ de liderazgo positivo, porque gracias a su manera de gestionar grupos, logró que la Selección se convirtiera en un lugar feliz no solo para Messi, sino para todos los argentinos, que han visto una de las épocas más gloriosas de su equipo nacional.

Este domingo, en Nueva York, Argentina y Scaloni tendrán en frente en la gran final del Mundial a España, dirigido por Luis de la Fuente, otro entrenador que viene marcando época no solo por lo estratégico, sino también por lo humano, por esa manera en que se lo ve en el banquillo siendo como un padre para sus futbolistas.

Con una amplia trayectoria en las divisiones menores de la Federación Española de Fútbol, De la Fuente tiene en su equipo a una gran cantidad de jóvenes y talentosos jugadores que ha sabido gestionar a tal punto de ganar con ellos la Eurocopa 2024 y llevar a la roja a una nueva final del mundo luego de dieciséis años.

Más allá del resultado del domingo (todos esperamos que salga un grandísimo partido de fútbol), una de las mejores enseñanzas que nos deja este Mundial es que los nuevos liderazgos, esos que se salen de los extremos (el autoritarismo o la dejadez) se hacen cada vez más necesarios para inspirar a otros a sacar su mejor versión en un mundo tan radical. ¿Scaloni o De la Fuente? La pregunta sobra, los dos ya son unos campeones.