El viernes 16 de octubre en la noche, a pocas semanas de las elecciones de medio período, el presidente Donald Trump tomó una decisión sorprendente. Firmó una orden ejecutiva, el equivalente en Colombia a un decreto presidencial, con la que levantó las sanciones y aranceles contra Rusia que el Congreso de Estados Unidos había aprobado un mes antes como consecuencia de la guerra en Ucrania. En particular, eliminó los aranceles y las sanciones a las empresas y países compradores de petróleo y gas ruso, que debían entrar en vigor la semana del 19 de octubre. Según Trump, la orden responde al interés nacional de Estados Unidos. Sin embargo, todo indica que la motivación es electoral, algo que poco tiene que ver con la seguridad nacional con la que el presidente justificó su decisión. La reacción no se hizo esperar. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó en X que la medida solo beneficia a Rusia, no detiene la guerra y “aviva su satisfacción y sus ganas de seguir matando gente”.
La ley, conocida como Lindsey O. Graham Sanctioning Russia and Iran Act, en honor al fallecido senador por Carolina del Sur, fue aprobada por el Congreso y sancionada por Trump a mediados de septiembre. Establecía aranceles de hasta el 100 % a todos los bienes que llegaran a Estados Unidos desde las cinco principales empresas exportadoras de petróleo y gas de Rusia. Los mismos aranceles se aplicarían a cualquier país que, a sabiendas, comprara petróleo o gas ruso después de 30 días de la entrada en vigor de la ley, y a los cinco países considerados como los principales aliados de Moscú para evadir sanciones. La ley, sin embargo, le permitía al presidente levantar las sanciones si determinaba que iban en contra del interés nacional, siempre que informara primero al Congreso. Esa fue la puerta que usó Trump. La decisión generó rechazo incluso dentro de su partido. Darline Graham, hermana del senador, quien asumió su curul tras la muerte de Lindsey Graham en julio y hoy es la candidata de Trump y del Partido Republicano para conservarla, afirmó estar en desacuerdo. Según ella, habría preferido seguir presionando a Rusia, pues no confía ni en Putin ni en Moscú.
La explicación está en el costo de vida. La inflación es el principal tema electoral para el 35 % de los votantes y, en ese frente, Trump tiene una aprobación de apenas 24,2 %, con una aprobación neta de -47,5 puntos, según los datos ponderados del analista Nate Silver. Uno de los factores detrás del aumento del costo de vida es el precio de la gasolina, que se ha disparado por la guerra en Irán. Según datos de la Universidad de Brown, el 28 de febrero, día en el que inició la guerra, el galón costaba 2,98 dólares. Hoy, el promedio nacional ronda los 4,22 dólares, un aumento de 1,24 dólares por galón, cerca del 42 %. Este descontento ha impulsado las probabilidades de que los demócratas se queden con ambas cámaras del Congreso.
Según el modelo electoral de The Economist, los demócratas tienen hoy un 93 % de probabilidad de ganar la Cámara de Representantes, frente a cerca del 77 % a mediados de julio. El modelo proyecta una Cámara con 238 demócratas y 197 republicanos, una mayoría amplia. En el Senado, la probabilidad de un control demócrata pasó del 45 % hace dos meses al 59 % actualmente. Eso es lo que preocupa a Trump: que su partido pierda el control de ambas cámaras. Y explica también su postura más amigable frente a Rusia y su discurso más combativo frente a Ucrania, a la que acusa de ser responsable del aumento del precio de la gasolina.
En una publicación en Truth Social, Trump aseguró que el alza de la gasolina se debe a los bombardeos de Ucrania contra las refinerías y la infraestructura energética rusa, y no a la guerra en Irán. Esto es falso. Por el estrecho de Ormuz, directamente afectado por la guerra en Irán que lidera su gobierno, pasa cerca de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. Cualquier afectación, por mínima que sea, tiene efectos importantes en el suministro y en los precios internacionales. Los ataques de Ucrania contra la infraestructura energética rusa también inciden en los precios, pero no en la misma magnitud, y su efecto recae principalmente sobre el diésel, no sobre la gasolina.
La decisión de Trump de no dejar en firme las sanciones es preocupante, aunque no sorprende dada la presión electoral. Más preocupante aún es que el presidente culpe a Ucrania no solo del aumento de la gasolina, sino también de haber iniciado la guerra. Como afirman Vladímir Rouvinski y Sören Brinkmann en Contested Solidarity, la supuesta corresponsabilidad de la OTAN en el conflicto es una narrativa “falsa”. El origen del conflicto está en que, desde 1991, Moscú nunca aceptó del todo la pérdida de influencia sobre Ucrania, y la invasión de 2022 fue la culminación de esa negativa. El proyecto de una Ucrania “soberana, europea y democrática” se convirtió, a ojos del Kremlin, en “una amenaza intolerable que había que aplastar”.
En otras palabras, por un interés de corto plazo, Trump no solo toma una decisión que quizá no le alcance para evitar una victoria amplia de los demócratas, sino que perpetúa narrativas falsas sobre la guerra en Ucrania. Esto es peligroso en un momento en que las democracias están amenazadas desde ambos extremos del espectro político. Solo el tiempo dirá qué tan costosa resulta la decisión de impedir la entrada en vigor de las sanciones contra Rusia. Y aunque Trump se ha caracterizado por desafiar las encuestas, esta vez la balanza parece muy inclinada en su contra.