Esa pregunta me la vengo haciendo hace muchos años: ¿cuál es mi misión en este mundo? ¿Será solo nacer, crecer, alimentarnos, pasarla bueno, tener hijos, envejecer y morir? ¿Cuando eso suceda, iremos a otra vida? ¿O eso allí termina? Creo que durante la historia humana esas preguntas nos han asaltado como especie y hay muchas diferentes explicaciones, que la mayoría son religiosas.

A los que crecimos como católicos se nos enseñó que si nos portamos bien vamos al cielo, si no al infierno.

Dentro de las diferentes vertientes del cristianismo, basadas en las distintas interpretaciones bíblicas, se habla de una vida eterna aquí en la tierra, pero también condicionada a nuestra buena conducta y a nuestro temor a Dios. En otras partes del mundo, los musulmanes, los budistas, los hindúes, los vikingos y, en fin, hay cientos de diferentes pensamientos que hablan de cuál es la razón de nuestra existencia en este plano terrenal.

La ciencia también entrega diferentes posibilidades. El Sr. Charles Darwin esbozó la teoría de la evolución, donde se explica que somos el fruto de una serie de pasos que tomaron millones de años y venimos de tiempos largos donde poco a poco salimos de pequeñas manifestaciones de vida en el mar hasta llegar a lo que hoy día conocemos como el Homo Sapiens.

También están los filósofos e intelectuales que tienen sus propias teorías, inclusive los ateos.

El señor filósofo y humanista colombiano, Gerardo Schmedling Torres, reflexionó sobre cómo nuestro planeta es una escuela donde seres en proceso de evolución venimos a aprender y crecer en nuestro grado de conciencia para lo que él llama ‘la Sociología Evolutiva’ o la magia del amor, donde la conciencia vive en todos los diferentes reinos que hay en el universo, pasando por la experiencia mineral, luego la vegetal, seguida por la animal, para finalmente llegar a lo que hoy somos nosotros y así tener un grado de comprensión perfecta que se resume en la posibilidad de llegar a la sabiduría pura que se transforma en un amor armónico.

La otra pregunta que también me llega reiteradamente a mi cabeza es por qué, si somos una especie tan perfecta, el rumbo que como especie hemos tomado está tan cargado de inconformismo y violencia, destruyendo todo a nuestro paso y acabando con los recursos naturales esenciales para nuestra supervivencia.

Algo que sí tengo claro es que, lo que esté a mi alcance, seré un servidor donde se me necesite. Me comprometo a que lo que esté en mi entorno sea irrigado con bienestar y pulcritud; espero poder hacerlo para dar el salto cuántico necesario y que mi comunicación sea asertiva.