Que el mundo está envejeciendo a un ritmo acelerado lo demuestran las contundentes cifras de la expectativa de vida a nivel global. En Colombia está alrededor de los 77 años. Y cada vez con más frecuencia vemos que hay expectativas de vida que superan los 90 años. Para el año 2030, uno de cada seis colombianos tendrá más de 60 años y, para el año 2050, uno de cada cinco.

El envejecimiento de la población es una realidad humana, con consecuencias desde el punto de vista del mercado laboral y de protección social. Un congreso empresarial de economía plateada* señaló que el envejecimiento de la población debería ocupar un lugar preponderante en la agenda pública y política de muchos países.

Las personas mayores hoy son diferentes a las de hace tres décadas, son más emprendedoras y vitales y, por tanto, pueden aportar más a la economía de un país.

La población general debe superar su edadismo (prejuicios arbitrarios contra los adultos mayores), que se ha convertido en una barrera para las oportunidades de la población que está envejeciendo y que está urgida de un cambio de actitud de parte de todos los estamentos sociales: empleadores, Estado y aseguradoras de salud.

Los empleadores no deberían tener como objetivo salir de las personas simplemente porque cumplieron (o peor, porque están ad portas de cumplir) la edad y tiempo para jubilarse. Los líderes en las empresas deberían considerar cada caso individualmente para determinar con cierto nivel de objetividad el valor que cada empleado agrega, independientemente de la edad. Ese ejercicio permitirá encontrar una ubicación para quienes, por su experiencia y sabiduría, representen una ventaja para la compañía.

Las empresas deberían estar reteniendo el talento de sus mayores, no buscando la forma de salir de ellos. Muchas veces son los empleados con mayor experiencia y sabiduría los que pueden asesorar mejor a quienes toman las grandes decisiones empresariales, ya que son estos los empleados que saben anticipar riesgos, identificar dinámicas dañinas y evitar costosos errores.

El Estado no puede seguir tratando el envejecimiento como un tema marginal a la vida económica de un país. Debe ajustar las políticas públicas para superar los estigmas contra los adultos mayores, para garantizarles más años con bienestar, autonomía y oportunidades.

Las aseguradoras de la salud deberían priorizar la prevención y no castigar la edad con las primas más altas o con barreras al acceso de los servicios de salud. A nivel individual, la recomendación, en la medida de lo posible, es no jubilarse nunca… del todo. Entendiendo que no siempre es posible continuar en una empresa o institución particular después de cierta edad, lo que obliga a utilizar la imaginación para no quedar desocupado. Ya que es una realidad clínica que, una vez que la persona se jubila sin haberse preparado y no encuentra una salida a su inactividad, corre el riesgo de deteriorarse.

*II Congreso Empresarial de Economía Plateada, Colsubsidio, Colombia, marzo 19 de 2026.