El 20 de julio se inicia la primera legislatura del próximo gobierno. Petro dará su último discurso. Volverá a sostener que hubo fraude en las elecciones y que no reconoce la legitimidad del triunfo de De la Espriella (DLE).

Somos una democracia y en las democracias gobiernan quienes ganan las elecciones. Y somos un Estado de derecho y en los Estados de derecho imperan la Constitución y la ley y no la voluntad de quienes gobiernan. De manera que no le corresponde ni a Petro ni a ningún gobernante decir quién ganó las elecciones. Quien declara quién es el nuevo presidente es el Consejo Nacional Electoral, y el CNE ya determinó que DLE ganó.

Ahora, si Petro quiere desconocer el resultado, podría dar un autogolpe. No dudo de que Petro ha debido estar tentado, pero no tiene ni la fuerza ni el carácter ni los factores de poder. Los golpes de Estado no se hacen echando discursos. No cuenta con el apoyo de los empresarios, ni de los medios, ni de los partidos políticos, ni de la ciudadanía, ni de la Fuerza Pública. Así que quienes han tenido la preocupación de que Petro no entregue el poder pueden estar tranquilos.

Dicho esto, el Código Penal establece que si un servidor público “no da cuenta a la autoridad” del hecho delictivo del que ha tenido conocimiento, incurre en el delito de omisión de denuncia. Puesto que, una y otra vez, Petro dice saber de supuestos delitos en la elección presidencial, tiene el deber de poner en conocimiento de las autoridades competentes los delitos de su conocimiento. Y no lo ha hecho.

La conducta de Petro es inaceptable en una democracia y en un Estado de derecho. No solo desconoce la voluntad mayoritaria expresada en las urnas y la decisión de la autoridad electoral, y con ello menoscaba la institucionalidad, desprestigia el sistema electoral y erosiona la democracia misma, sino que no da una sola prueba de sus acusaciones e incumple los deberes de denuncia de los supuestos hechos delictivos que dice conocer.

En fin, el 7 de agosto DLE se posesionará frente al Congreso, en el Capitolio o, si se lo solicita al Congreso y este lo aprueba, en un lugar distinto. La presencia de Petro es meramente protocolar.

Mientras tanto, tendrá que hacer su última rendición de cuentas frente al Congreso. No es una obligación menor. El Congreso es el órgano más importante en una democracia porque representa al pueblo. El presidente es elegido solo por una fracción de la ciudadanía. En el Congreso, en cambio, se ven representadas todas las vertientes políticas e ideologías: los indígenas, las negritudes, los blancos, los mestizos y los mulatos, los heterosexuales y quienes tienen otras preferencias sexuales, los jóvenes y los adultos mayores. Es allí donde se discuten las diferencias y se llega a acuerdos. Donde se define la ley que impera y el gobierno ejecuta.

Petro creyó que encarnaba al pueblo y que podía hacer lo que se le antojaba y por eso maltrató al Congreso y trató de violar su autonomía. Terminó pegándose contra un muro. Esperemos que la lección haya sido aprendida.