En el amor verdadero no hay posesividad: liberas al otro en lugar de crear ataduras.
Vas mal cuando dices: “Eres todo para mí”, “eres la razón de mi vida”, “sin ti, ¿para qué vivo?”.
Esa manera de querer genera sufrimiento y, al ser posesivo, quieres, pero no amas.
Para hacer real la felicidad, ámate, ama y aplica estas valiosas sugerencias:
Ten un gran amor propio, no te culpes, sé bueno contigo mismo y valora las pequeñas cosas.
Ve más allá de lo material y siente a Dios en tu alma; deja que el sea tu fuente de paz y amor.
Enriquece tu vida con la magia de la gratitud: dar gracias llena tu ser de paz y gozo.
Ten muy presente a Dios; Él siempre está contigo. Muy pocos lo aman de verdad.
Da prioridad a tus relaciones, comparte con quienes amas y aprende a administrar tu vida.
Ten una buena dieta, haz ejercicio, descansa y no abuses de sustancias tóxicas ni del alcohol.
Cultiva una actitud mental positiva, controla tus emociones y lleva una vida sexual sana.
@gonzalogallog