Cuando te aceptas, aceptas a los demás como son y aceptas la realidad, eliges fluir en paz. Cuando te resistes y peleas, eliges sufrir.

La aceptación no es resignación ni estar de acuerdo con lo que se da; es asumir la realidad sin batallas estériles, sin quejas, juicios o críticas que te roban la paz y te impiden ser feliz.

Mira videos de superación y aprende de tantas personas con limitaciones físicas que muestran que aun lo más duro se puede aceptar.

Toma consciencia examinando tu actuar sin caer en la trampa del autoengaño. Pregúntate: ¿Me amo y me acepto? ¿De verdad amo y acepto a los demás? ¿Acepto los hechos o me lleno de rabia y juicios ante la realidad que no me gusta ni apruebo?

Pon las palabras ‘Me amo, acepto, comprendo y no me engancho’ en un lugar visible por buen tiempo. Al verlas, practica. Es un ejercicio para mejorar.

Repite hasta que lo apliques: “Si hago resistencia, sufro; si acepto, fluyo sereno”.

La aceptación es reconocer que no viniste a cambiar a los otros y que todo es perfecto en su aparente imperfección.

@gonzalogallog