Por: Monseñor Alexánder Matiz Atencio, obispo de Buga

Las lecturas de hoy tienen como línea principal la confianza en Dios; quien es nuestra fortaleza, nuestro alcázar, nuestro escudo. Debemos reconocer que hay quienes persiguen, buscan a la personas que siguen los buenos caminos para ponerle trampas, calumniarlas, hacerles zancadillas o ponerle barreras para que tropiecen y caigan.

Solo los que ponen su confianza en el Señor encuentran la libertad siempre en la verdad, en hacer el bien, en no tener un corazón resentido ni amargado. Solo Dios nos da su fuerza.

Hoy en día vemos cómo muchas personas a quienes se les había depositado confianza para un cargo o administración, muchas veces seducidas por la ambición o el poder, traicionan esa confianza y hacen robos, peculados, que con el tiempo se descubren, y trae tristeza y dolor, no solo para quien fue afectado, sino también para quien hizo el daño, pues está la vergüenza y, muchas veces, quien ha hecho el daño en su deshonestidad todo lo ha perdido, pues lo que por agua viene, por agua se va.

Reconozcamos que Jesús vino al mundo para liberarnos del pecado y de la muerte, para rescatarnos; pero para ello debemos acogernos a él, a su palabra que es vida, a tener plena confianza en él. Dios no desampara a quienes claman a él, siempre tiene ojos de misericordia; no debemos temer ante las persecuciones, las calumnias y los asedios que los malvados hacen, pues Dios nos da su fuerza y capacidad para enfrentar y superar todo con la mejor arma, que es el amor y la misericordia.