La modificación de la escalera de un apartamento en un edificio en Bogotá, del arquitecto Rogelio Salmona (declarado Bien de Interés Cultural, BIC, desde 2010, bajo la categoría de conservación tipológica), lleva a recordar ciertos asuntos al respecto, ya que significa que cualquier modificación, interna o externa, requiere autorización previa. Lo que igualmente es pertinente amuchas reparaciones necesarias en todas las edificaciones más afectadas por el sismo del 10/08/2026 en el suroccidente de Colombia, sean patrimonio o no.

Ante los sismos, aunque muy poco se lo menciona, debería ser evidente cómo las modificaciones en las edificaciones, cuando están mal concebidas o construidas y peor las dos juntas, sin la mayor duda contribuyen a aumentar su vulnerabilidad, al disminuir su sismorresistencia estructural; e incluso también los pueden comprometer algunos cambios en sus usos, en la medida en que impliquen mayores cargas en sitios altos o inconvenientes de una edificación. Aspecto que, por supuesto, es preciso tener presente en las reparaciones.

Las modificaciones en las fachadas de las edificaciones, como también los cambios de sus usos originales, varían su imagen e identificación, e influyen en el aspecto urbano colectivo de su entorno urbano y su carácter, por lo que hay que procurar que dichas modificaciones no cambien negativamente el carácter e identidad de las edificaciones respectivas ante la ciudad. Se trata del conjunto de imágenes y rasgos que caracterizan a un barrio en una ciudad, permitiendo reconocerlo en las fachadas de sus edificaciones y los usos del suelo.

En las edificaciones patrimoniales, modificar su imagen es alterar su carácter en tanto un símbolo en la ciudad o en sus alrededores, por lo que no debe ser permitida; y los cambios indispensables para su nuevo uso, y solo cuando este sea inevitable para garantizar su preservación, deben ser evidentes pero discretos. Preservar la cultura urbana significa proteger la arquitectura de sus edificaciones y espacios urbanos públicos, el arte, la lengua y los conocimientos de una comunidad para que esta y las futuras generaciones puedan disfrutarlos.

El procedimiento a seguir, previo a una modificación significativa en una edificación o un notorio cambio en su uso, debe iniciarse con la información sobre el mismo a sus vecinos, considerando el debido respeto a los otros; a continuación, la aprobación de todos los propietarios en el caso de las copropiedades; y, por último, solicitar los permisos oficiales requeridos en cada caso. El respeto a los otros es la base para la convivencia pacífica y el desarrollo social, al reconocer el valor intrínseco de la identidad, historia y tradiciones locales.

Toda esa información, más la pertinente a los funcionarios y entidades encargadas del control de las edificaciones en cada ciudad y su territorio, debe estar en manos de los propietarios de sus edificaciones privadas, y estos, con dicha información, deben ejercer un control ciudadano sobre su cumplimiento. Y lo mismo con las edificaciones públicas, que deberían ser las más respetuosas de las normas al respecto, dando el buen ejemplo; una conducta positiva que guía a los demás mediante acciones concretas en lugar de solo palabras.

Las modificaciones son un reflejo directo de la evolución cultural, social y económica de una comunidad; a lo largo de la historia, el urbanismo y paisajismo de las ciudades, y la arquitectura de sus edificaciones, no se mantienen estáticos y se transforman para adaptarse a las nuevas necesidades y actividades de sus habitantes, más nuevos valores identitarios y avances tecnológicos. Pero son modificaciones que siempre deben realizarse respetando seriamente las normativas vigentes, y considerando el respeto debido a los demás ciudadanos.