En estos 203 años de vida republicana, México, la tierra de Rulfo, de Carlos Fuentes, de José Emilio Pacheco, de Octavio Paz, Jaime Sabines y Elena Poniatowska, ha sido un faro cultural para Latinoamérica, el Caribe y el mundo. Desde la música, el cine, el deporte y una cocina muy particular, la patria de Juárez espera mejores días, ahora que una minoría de violentos amenaza su armonía.

Con su historia, México reafirma los aportes que desde su territorio ha hecho a la vida latinoamericana, en todos los órdenes.

Hasta dónde influyó en el mundo hispano la cultura mexicana, fue pregunta que siempre quiso contestar el extinto escritor Carlos Monsiváis, quien no solamente escribió su ‘Catecismo para indios remisos’, sino que se adentró en las razones vitales de artistas como María Félix, Cantinflas, Resortes, Tin Tan, y de los luchadores El Santo y Blue Demon, entre otros auténticos íconos de México.

Pero México no es solo cine y lucha libre, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Toña La Negra, Superbarrio, Adal Ramones; lo que exporta la imagen de la nación al mundo va siempre de la mano de la música, la ranchera y el corrido, y más recientemente de la cumbia mexicana.

Desde los famosos Estudios Churubusco, se hizo buena parte del cine mexicano que recuerdan hoy los mayores de 50 años; los grandes charros y mariachis partieron de ahí.

Músicos como Javier Solís, Jorge Negrete, Miguel Aceves Mejía, y actrices como la Félix, María Antonieta Pons, Sara García, hicieron del cine mexicano un referente de la niñez y juventud de los pueblos latinoamericanos y del Caribe.

Alguna vez, Charles Chaplin expresó que Mario Moreno, Cantinflas, era el gran humorista de esta parte del mundo, comparado solo con Buster Keaton, Stan Laurel y Oliver Hardy, en los Estados Unidos. No le faltaba razón; Cantinflas personificó al ‘Canillita’, a ese hombre solitario, del pueblo, que iba por los circos de potrero pidiendo una oportunidad. Su personaje expresaba en sí mismo toda la picaresca popular, los dichos y refranes del campo llevados a la urbe mexicana, y el ánimo para sobrevivir en medio de una sociedad ajena y terrible en sus códigos económicos y sociales; Cantinflas, con sus personajes, penetraba todas las esferas sociales. Hacía reír a ricos y pobres, se colaba en la fiesta de un millonario o ejercía como sacerdote; tal fue su película ‘El Padrecito’.

Se cree que ‘La borrachita’ fue una de las primeras canciones mexicanas, al igual que ‘La paloma’; pero no solo la ranchera hizo época desde México, sino también el bolero. Solo con Agustín Lara tiene la nación azteca a un símbolo de este ritmo en el mundo. Lara protagonizó un tormentoso romance con María Félix, a quien dedicó su canción ‘María Bonita’: “Acuérdate de Acapulco/ de aquellas noches, María Bonita, María del alma…”

Algunas de sus canciones se cantan hoy en ritmo de tango, como ‘Noche de ronda’, y también alcanzan las notas del pasodoble y el flamenco, como ocurrió con su ‘Granada’, canción que Lara escribió sin haber conocido aún España, como reza en el bronce que se le erigió en un parque recoleto de Madrid, ciudad a la que cantó también: “Cuando vengas a Madrid, chulona mía/ voy a hacerte emperatriz de Lavapiés/ y alfombrarte de claveles la Gran Vía/ y bañarte con vinillo de Jerez…”

Cantantes mexicanas se sitúan hoy en el ‘top’ de la música popular hispanoamericana, y grupos como Los Cumbia Kings marcan la pauta de este ritmo, junto a los que cultivan la música grupera o de frontera; en ese ámbito se destacan ‘Los tigres del norte’, protagonistas ya de textos literarios.

Una obra como la novela titulada ‘Como agua para chocolate’ permite acercarse a esa magia ritual que es la cocina en México, un pueblo que combina el sabor del cacao con los chiles poblanos o habaneros, y hace de la tortilla de maíz una base indispensable de la alimentación diaria.

En el barrio de Mission, en San Francisco, existe un lugar ya legendario, ‘El farolito’ -tiene el mismo nombre del que visitaba El Cónsul, personaje de la novela ‘Bajo el Volcán’, de Malcom Lowry- donde se va a probar algo de lo más auténtico de esta mesa; flautas, tacos, tortillas, quesadillas, burritos hacen parte del menú del desayuno o el almuerzo.

La cocina mexicana es vasta y se aprecia más en los campos; en el Distrito Federal y en las grandes ciudades del mundo, lo que se reconoce hoy como ‘cocina mexicana’ pasa necesariamente por el tamiz de las fusiones y los aportes que hace cada cultura. En los Estados Unidos, donde se aprecia tanto esta mesa, se tiende más a la versión ‘Tex Mex’, que incluye salsas y cremas no usadas en la cocina tradicional de este país.

El estado de Illinois, como el de Georgia, se precian de tener una de las mejores cocinas mexicanas de la Unión, por la sencilla razón de que residen ahí muchos nacionales mexicanos. Así, en Chicago como en Atlanta, se disfruta de esta cultura.