Escribo esta columna en contravía del oficio que me ayuda a pagar mis impuestos y mis servicios públicos, o mejor, en beneficio del mismo.

La masacre laboral de los últimos dos meses que puso literalmente en la calle a 300 profesionales de la comunicación, editores, periodistas, luminotécnicos, fotógrafos, asistentes de cámara, entre otros; debe llevarnos a una profunda reflexión sobre el tipo de profesionales que están preparando las universidades en la actualidad y especialmente sobre las condiciones laborales en las que hoy son contratados decenas de periodistas y comunicadores sociales.

Politólogos, antropólogos, sociólogos inundan las salas de redacción de los periódicos ejerciendo la labor que aparentemente estaba destinada simplemente para nosotros. Hoy los abogados compiten con los reporteros en la redacción de informes e investigaciones, e incluso ingenieros de sistemas están encontrado cabida en el espectro del fact cheking y el periodismo de datos, uno de los proyectos de desarrollo de la tarea informativa más ambiciosos.

Y no es solo que otras ciencias exactas estén ocupando los puestos de los comunicadores, las cifras de las ventas de publicidad, con lo que se pagan la mayoría de nuestros sueldos, en la última década han descendido notablemente.

Según la Asociación Nacional que reúne a los medios de comunicación, Asomedios, la inversión publicitaria neta por ejemplo en el año 2017 disminuyó en un 6,2%; que en el campo de la pauta de televisión se situó en pesos corrientes a niveles de 2010. Es un hecho que los medios tradicionales han sido afectados por inversión publicitaria basada en nuevos medios como internet y páginas como Google y Facebook.

Así las cosas el panorama de esta profesión es cada vez más crítico. El mercado laboral no absorbe suficientemente a los egresados y las facultades de periodismo y comunicación social están graduando cerca de 5000 profesionales que no están teniendo en dónde trabajar con condiciones dignas y bien remuneradas.

Desde hace algunos años he insistido en que el estudio del periodismo debería ser una especialización o maestría y no una carrera de pregrado.
Se debe abrir el debate sobre qué tipo de profesionales están formando las universidades y sobre las habilidades con las que se están graduando.

A las nuevas generaciones les digo sin sonrojarme no estudien comunicación social o periodismo, sigan el ejemplo de Gabo, váyanse por otra carrera y si realmente esto les interesa estúdienlo como una maestría, una especialización o hagan una doble titulación. El palo no está para cucharas en los medios; somos muchos y no pagan tanto.
Estamos siendo reemplazados por otros profesionales y nadie ha asumido la responsabilidad de contar realmente lo que viene pasando en nuestro universo laboral.

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