A 35 días de la llegada de Abelardo De La Espriella como digno residente de la Casa de Nariño, con los movimientos políticos, la comisión de empalme y el lunar infaltable de la desobediencia civil por parte de la oposición, hay que hacer una revisión de dos de las figuras iniciales y de gran resplandor en la nómina ministerial.

Considero muy acertadas las designaciones de las determinantes y relevantes carteras del Interior y de Hacienda y Crédito Público. Haber elegido al doctor Lara Restrepo y al doctor Gómez Martínez respectivamente en dichos ministerios es a todas luces un mensaje de seguridad, garantía de transparencia, experiencia, conocimiento técnico y, sin duda, don de gentes, punto este de la mayor importancia, máxime si se tiene en cuenta la amoralidad y la depravación estatal en la que estamos sumidos y a la que nos pretendían acostumbrar, hasta que por fin votamos bien. Lo dije en mi columna de la semana pasada y quiero entender la decisión soberana del pueblo como una respuesta encaminada a no seguir viviendo bajo la mendaz y nociva premisa de la ‘malicia indígena’, que, repito, no es otra cosa que ser una mala persona; no podíamos seguir ahí. Llegó la Patria Milagro con sus cracks.

Pues bien, para mí hablar del doctor Rodrigo Lara no solo es un reto grande por sus altas cualidades, sino que me inspira hacerlo desde la cercanía y la amistad que en el curso del debate legislativo de la Ley 1448 de 2011 (Ley de Víctimas y Restitución de Tierras), otrora forjamos y consolidamos, pues trabajamos juntos en proposiciones como hijos de víctimas fatales de la insania nacional de la década de los 80; él desde el poder parlamentario; yo presidiendo una ONG de DDHH.

El ministro Lara es uno de los cracks que el Tigre ha elegido para integrar su gabinete. Es sabido que una de las funciones más importantes de este representante del ejecutivo es la de mantener un buen ambiente en el Congreso de la República con quienes están de su lado y buscar obtener alianzas con bancadas que se han declarado en independencia e incluso en oposición, con el fin de materializar las comuniones entre los dos poderes en procura de cristalizar políticas públicas que deban pasar por el cedazo de la rama legislativa. Sin duda, el doctor Lara, por su trayectoria, conocimiento, manejo, capacidad intelectual y de ejecución, es el hombre que debe llevar la camiseta 10 y cumplir con esta nada sencilla tarea ministerial. A eso hay que sumarle los centenares de encargos que tiene que desarrollar y ejecutar y que estoy seguro hará con solvencia y de manera impecable, haciendo gala de su condición de jurista.

En cuanto a la ‘chequera’ del Estado, esta va a estar manejada por el doctor Miguel Gómez Martínez. Un hombre de fulgurantes charreteras en el ambiente económico. Gran técnico y con una vasta experiencia en el sector financiero público, privado y académico. Puedo inferir que el doctor José Manuel Restrepo, que es un hombre sesudo y que cumple una gran misión en esto de la elección y designación de los ministros, puso su mirada aguda, técnica y académica en la persona del doctor Gómez.

No se hicieron esperar los comentarios desobligantes y con tufillo destructivo, manifestando que Miguel es un ‘delfín’ de la dinastía Gómez, que es sobrino del maestro Álvaro Gómez Hurtado (lo cual no es sino para llevarlo con orgullo), que su hermano es el senador Enrique Gómez y hasta su padre y su abuelo salieron al baile. Me pregunto dónde está lo malo en esto. ¿Acaso pertenecer a un linaje político, artístico o deportivo, que se haya destacado, es un pecado, o siquiera motivo de señalamiento? No lo creo. Miguel, en su paso por el Congreso, demostró sus capacidades y talento innato para la cosa pública y, en las demás esferas profesionales en las que se ha desempeñado, lo ha hecho sin tacha y con lujo de detalle.

En suma, estos dos ministros designados por el gobierno entrante, para mi gusto, han sido un absoluto acierto del señor presidente y su fórmula vicepresidencial. Vemos cómo de a poco vamos dándole otra cara a los perfiles de los representantes de nuestro país: gente honesta y trabajadora, promotora del progreso económico, de la seguridad jurídica, de los fines del Estado y de la moralidad administrativa.

Con estos dos cracks, me siento plenamente identificado y tranquilamente representado. Podemos ver cómo el doctor Abelardo, como se vio desde el comienzo, está rodeado de los mejores y está designando a los de nivel sobresaliente.

Y para inaugurar a este par de altos dignatarios del Estado, les tocó la maratónica y desenfrenada contratación, a un mes del cambio de gobierno, lo cual hay que atajar porque huele muy mal, en palabras del propio ministro Lara, y la famosa ‘desobediencia civil’ promovida por la oposición, que no es otra cosa que desacatar las facultades y medidas de la autoridad legítima, que no se puede disfrazar con el antifaz de una desobediencia civil sin fundamento ni justificación, cuando lo que pretenden es atacar el Estado constitucional y socavar el orden jurídico. Esto podría terminar mal. No olvidemos la historia, respetados ministros. Manos a la obra.

Abrazo cálido. Seguimos trabajando. Falta poco.

@muiscabogado