Por: Édgar de Jesús García Gil, obispo emérito de Palmira

“¿Qué tiene el fútbol para provocar una emoción que no consiguen la política, la religión ni la cultura?”, pregunta Juan Villoro, novelista mexicano y uno de los escritores que ha sabido convertir el fútbol en literatura con tanta inteligencia, humor y sensibilidad.

Indudablemente, los mundiales de fútbol son signos de muchas realidades del mundo en el cual vivimos. Veo con claridad cómo sí podemos compartir momentos de vida, ahora en un juego, y mostrar la unidad en la diversidad.

Frente a las diferentes polarizaciones que brotan en la convivencia humana, Dios tomó la decisión de enviar a su hijo Jesús para enseñarnos a romper los odios, las venganzas, las violencias que nos envuelven en torbellinos sin fin.

El profeta Zacarías (9,9-10) nos anunció: “Mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones”. Es un rey de paz, desarmado y desarmante. Su cabalgadura es la humildad.

Su propuesta de paz, Jesús la expresa en el evangelio de Mateo (11, 25-30): “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

La humanidad está cansada y agobiada de tanta violencia. Solo el corazón manso y humilde, el de la buena voluntad, logra en comunidad la verdadera paz que Dios quiere para nosotros. “Gloria a Dios en la tierra y paz a los hombres de buena voluntad” (Lucas 2,14). Recuerdo las cuatro características del diálogo según San Pablo VI en su encíclica Ecclesiam Suam (1964).

Claridad: El diálogo exige una comprensión comprensible. Debe ser intercambio de pensamiento limpio, sin ambigüedades.

Afabilidad: El diálogo no es orgulloso, no hiere ni ofende. Su autoridad reside en la verdad que propone, en la caridad que comparte y en el respeto hacia todos.

Confianza: No es una negociación suspicaz ni busca imponer condiciones. Promueve la confianza mutua y la amistad, uniendo los espíritus en el bien común.

Prudencia: Es la capacidad de adaptarse a la condición del oyente. El que dialoga busca comprender las capacidades y el contexto psicológico y moral de quien escucha para hablar de manera pedagógica.

Con esta actitud subió Jesús a Jerusalén y entregó su cuerpo y derramó su sangre en la cruz para romper muros de odio y hacer de nosotros un solo pueblo hermano.

La FIFA 2026 ya hizo su primer gol olímpico al reunirnos a millones de personas de 48 países diversos en una sola mirada puesta en la cancha, apoyando nuestras selecciones que se caen y levantan, que ganan y pierden, que abrazan y gritan la alegría de la unidad en la diversidad.