La sombra de la guerra se cierne sobre Europa; descubro en Netflix Sin filtro, la película italiana de 2019 dirigida por Leonardo Guerra, y no puedo menos que rememorar la novela El aburrimiento de Alberto Moravia y sobre todo la película La aventura de Michelangelo Antonioni, ambas de 1960. Las tres tienen en común la capacidad de transmitir la “desconexión total con la realidad y la incapacidad de encontrar sentido a las personas y a los propios actos”, que es la definición de la noia que ofrece Dino, el pintor protagonista de la novela de Moravia. Pero si el sentimiento es semejante, son grandes las diferencias entre la época a la que pertenecen estas obras de arte.

Los protagonistas de la novela de Moravia y de la película de Antonioni son adultos de clase alta que han llegado a un punto de sus vidas en el que las mismas, por exitosa que parezcan, han perdido sentido. Nada les satisface, todo les resulta indiferente o les aburre. En cambio, las protagonistas de Sin filtro son tres adolescentes italianas cuyos padres son tan ricos que se permiten el lujo de costearles un crucero personalizado por el mar Adriático.

Parecen alegres y entusiastas, pero están afectadas de una desconexión de la realidad tan grave como la que padecen los personajes de Moravia y Antonioni, aunque sea de otro tipo. Su desconexión no está dictada por el cansancio vital de adultos que todo lo tienen, sino por su dependencia absoluta de los celulares.

Todo lo que hacen, todo lo que experimentan en el mar o en la tierra solo importa si se convierte en imágenes destinadas a alimentar sus cuentas en las redes sociales. El internet es el espejo poliédrico en donde proyectan su imagen de narcisistas obsesivas. Y esperan que sea el número de likes que obtienen las fotos que suben a la red el que decida quién de las tres manda. Por lo que no sorprende que lo único que las desquicia sea la subida a la red del video de una de las tres haciendo el amor con el patrón del yate en el que hacen el crucero. Es la prueba de un delito: las tres son menores de edad.

El trauma las deja atónitas, inermes ante las consecuencias para ellas incontrolables de decisiones dictadas por un exhibicionismo igual de desquiciado. Los adultos retratados por Moravia y Antonioni eran los supervivientes de una guerra mundial. A las adolescentes de Sin filtro les aguarda la guerra que se cierne sobre Europa. ¿Podrán sobrevivir?