Nadie conoce mejor que las propias regiones las necesidades de su gente y los recursos que se requieren para enfrentarlas. Por eso el sistema de regalías ha hecho crisis y en las regiones crece el descontento por las decisiones centralistas de asignación de recursos, definición de obras públicas y determinaciones alejadas de las realidades del país.

Los novedosos empalmes regionales parecen indicar que ha llegado la hora de las regiones. Para comenzar, están por delante la tramitación de la ley de competencias para activar los nuevos recursos para las regiones, la recuperación de la seguridad, la superación de la crisis de la salud y el arreglo de las vías, sobre todo terciarias.

Si Colombia no se detuvo y sobrevivió durante los últimos cuatro años, no fue gracias al Gobierno Nacional. Fue gracias a que las regiones resistieron. Alcaldes y gobernadores siguieron haciendo aquello para lo que fueron elegidos: gobernar. Mientras Petro se dedicaba a la confrontación permanente, las regiones mantuvieron vivo un país que no podía darse el lujo de esperar que terminara su gobierno.

Hubo gobernantes que entendieron que administrar de manera eficiente también es una forma de defender la democracia. Por eso, la buena decisión del presidente De la Espriella de apoyarse en las regiones y convertir a alcaldes y a gobernadores en aliados del desarrollo, al tiempo de fortalecer la cofinanciación de sus principales proyectos. Darles voz a las regiones y mantener con ellas desde la presidencia un diálogo eficaz y continuo será clave para el futuro de nuestro país.

En el centralista gobierno de Petro, cuando un gobernador o alcalde no compartía sus ideas o sus proyectos, la respuesta fue el bloqueo presupuestal. En el Valle del Cauca, el Tren de Cercanías fue sometido a una venganza política: la cofinanciación nacional se dilató o se condicionó porque la bancada regional no apoyó las reformas del ejecutivo.

La posesión del 7 de agosto en Cali no es un gesto vacío. Es decirle a una sociedad amenazada por los grupos ilegales que a partir de esa fecha comenzaba la emancipación de muchos municipios del suroccidente del país. No solo fue una ceremonia. Fue el primer gesto de un cambio de rumbo.

Pocos días antes del inicio del nuevo gobierno, los alcaldes de las ciudades capitales plantearon una hoja de ruta con los temas que consideraron más urgentes para el presente cuatrienio. Advirtieron la necesidad de avanzar en varias estrategias, siendo una de ellas el adoptar una política de seguridad urbana. Aspiran también a que se les garantice el apoyo de la nación para las grandes obras de infraestructura; muchas de ellas hoy se encuentran paralizadas.

Pero el problema de las ciudades no se limita solamente a las competencias de los alcaldes. También influyen la falta de recursos, la ausencia de información e inteligencia, la pérdida de confianza de la ciudadanía en las instituciones y las fallas de la justicia. Es igualmente necesario conocer las características regionales, ya que las dinámicas de violencia son diferentes en cada ciudad.