A propósito de las últimas encuestas publicadas, que miden, entre otros ítems, el nivel de aprobación (o desaprobación, según se quiera leer) de los alcaldes de las principales ciudades de Colombia, un buen amigo me preguntó, entre inquieto y decepcionado: ¿Por qué crees que a Alejandro Eder no le va bien, siendo un tipo honesto, preparado y bien intencionado?

La misma pregunta pueden estarse haciendo muchos ciudadanos y, si bien yo no pretendo tener la respuesta, creo poder aventurar una razón en particular: porque, ya llegado a la mitad de su mandato, aún no logra conectar con el pueblo caleño.

Dice el exalcalde Maurice Armitage en respuesta a una pregunta en entrevista publicada este día domingo último en El País, en relación con la baja favorabilidad del alcalde: “Yo tengo la más buena impresión de Alejandro Eder como ser humano. Yo creo que es una buena persona, preparada, pero él se ha equivocado por no conocer al pueblo colombiano”.

Yo creo lo mismo, incluyendo lo de ser Eder una buena persona y preparada, pero de alguna manera ‘desconectada’ de la gente.

Esa conexión resulta fundamental y no se resuelve solamente con cambios de gabinete o la estrategia de comunicaciones. Es un imperativo una lectura permanente y compleja de esta ciudad y de los más profundos anhelos y frustraciones de sus ciudadanos, de todos, pero especialmente de los más excluidos y necesitados. Y ese conocimiento y sensibilidad no provienen de dialogar solo con sus amigos y cercanos ni de hacer acuerdos políticos con sus aliados.

Aquí habita otra ciudad profundamente excluida y, si se quiere, ‘rebelde’ con la que el señor alcalde no ha logrado dialogar y concertar, porque para citar tan solo una de sus grandes apuestas, la de una Cali reconciliada, no se alcanza pactando solamente con la representación política en el Concejo, para lograr unas mayorías con las cuales hacer transacciones burocráticas para la aprobación de sus proyectos.

Pero hay también un largo listado de asuntos de forma y fondo en los que nuestro alcalde ha metido las de caminar. Me refiero, por ejemplo, a la opacidad que ronda buena parte de la contratación pública y que comenzó muy temprano (en ausencia del alcalde, hay que decirlo) con la inquietante contratación de un operador de fuera de la región que bien hubiese podido ejecutar nuestro canal regional Telepacífico. Pero los claro-oscuros han continuado, casi que tienden a ser tristemente la norma y atraviesan hoy la mayoría de las dependencias, incluyendo a Emcali.

Buena parte de la campaña de Alejandro Eder se erigió sobre una crítica implacable a su antecesor Jorge Iván Ospina y eso incluía la promesa de cambios en la forma de hacer la política y el ejercicio de gobierno, en relación, por ejemplo, con el Concejo Distrital, la contratación directa y/amañada, la politiquería, la conformación del gabinete (¿a dónde se fue la meritocracia?) y un largo etc.

Y hay temas también, tanto de manejo como de fondo, relacionados, por ejemplo, con la devolución de impuestos al Club Campestre o su viaje a EE.UU. junto a Federico Gutiérrez (alcalde de Medellín) en un momento particularmente delicado de las relaciones de Colombia con ese país. Las formas importan, y de qué manera.

Durante muchos años, muchísimos años, la añoranza sobre buenos momentos de esta ciudad se remontaba a los Juegos Panamericanos de 1971. Hoy, muy afortunadamente, la realización de la COP16 en Cali fue signo de la capacidad de hacer grandes cosas, pero juntos. Y el significado de ese gran logro colectivo no se puede dilapidar…

No tengo duda, repito, de que Alejandro Eder es no solo una gran persona, sino también un hombre preparado para ser alcalde (no aún para ser presidente, como algunos le insinúan), honesto y sensible, que bien podría estar haciendo cosas distintas a la función pública.

Tiene todo a su favor para lograr una Cali realmente incluyente y reconciliada, pero el giro de su gobierno ha de ser dramático. No son suficientes cambios en el gabinete, una nueva estrategia comunicativa o inaugurar múltiples obras civiles.

Hay que ‘conectar’ con la gente, estimado alcalde, especialmente con los más excluidos y necesitados.

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Posdata. Ayer se conmemoró el Día de l@s periodistas. Mi reconocimiento a tod@s ellos, en especial a quienes hacen parte de esta casa periodística de El País. En tiempos tan complejos y desafiantes como los actuales, el valor de su valiente y profesional labor es inconmensurable. ¡Congratulaciones!