Hay cosas que se vuelven parte del paisaje, no por ello menos esenciales; son como el aire, que solo lo sentimos cuando falta. Así nos ocurre en Colombia con la democracia. Nada menos que la opción de elegir a quienes hacen las reglas que nos rigen y a quienes nos gobiernan.

Colombia ha tenido una extensa tradición democrática y, por ello, a diferencia de países como Argentina o Chile, donde las leyes y el gobierno han estado en manos de dictadores tipo Maduro en Venezuela, nos parece que la elección de congresistas y presidente de la República siempre estará allí y es asunto de otros; se vuelve parte del paisaje.

Nada más grave, porque las decisiones las terminan tomando unos pocos que se adueñan del país y actúan en nombre de todos, sin haber recibido su mandato de la inmensa mayoría, y terminan generando normas que solo los benefician a ellos o a sus grupos de interés.

Estoy seguro de que, si fuéramos conscientes de ello, no dejaríamos pasar la oportunidad de elegir bien. Temas tan esenciales como mantenernos con vida, contando con ciudades y campos seguros y un sistema de salud que evite la enfermedad y la muerte, o la educación de los niños y los jóvenes, pasan por elegir bien para Senado y Cámara de Representantes y después, para presidente de la República.

Abstenerse entonces de votar es una pésima decisión; es regalar, el que, sin exagerar, es un superpoder para quitarle nuestro país a los corruptos. En Colombia, más de 41 millones de ciudadanos pueden ejercerlo y solo lo hacen un poco menos de la mitad, pero lo que es más grave es que algunos de estos votantes lo hacen sin mayor reflexión o por un plato de lentejas. Es importante enterarse para decidir de las propuestas de los candidatos y sus trayectorias. Es muy fácil hacerlo a través de las redes en sitios como la Misión de Observación Electoral MOE Colombia (moe.org.co) y sus aliados.

Capítulo aparte son las consultas interpartidistas. Nadie debe dejar de votarlas; no hacerlo es otra forma de debilitar el poder que debemos darle a quien creemos mejor para representarnos. Hay magníficos candidatos, honestos y probados, con eficientes y limpias trayectorias. El llamado a no votar en la consulta para supuestamente fortalecer al candidato que no entró en la consulta no es más que otra forma de dividir a los candidatos de nuestra preferencia.

Finalmente, no puede ser el miedo el que mueva a votar, como ocurre donde hacen presencia grupos armados que obligan a votar por candidatos de izquierda para seguir medrando del narcotráfico, teniendo la oportunidad de hacerlo por los mejores.

Es necesario votar y tener confianza en que, en Colombia, donde operan 125.000 mesas, observadores de la Unión Europea, del Instituto Carter, 30 testigos de los partidos por cada mesa, 850.000 militares y policías garantizando el orden y las actas de resultados que se firman, digitalizan y publican, la democracia hará honor a su larga tradición y las elecciones por los mejores despojarán a los corruptos y bandidos del botín que les hemos dejado por no votar.