Definitivamente, el Hay Festival esconde tesoros, mejor dicho, los saca a la luz. Días de libros, revueltos de palabras, corre, corre o quedarse sentado en streaming (televisión); yo me quedé repantigada en la tele, no me muevo, me duelen los pies, simplemente camino hacia la librería Ábaco y compro libros.

La maleta llegó a Cartagena. Ocho kilos de peso y regresa con veinte. Los libros no solo abren las mentes cuando se abren sus páginas, sino que pesan. Ábaco se convierte en paraíso terrenal para los libroadictos, todos los autores extranjeros y los autores nacionales invitados, además de la excelente selección editorial. No hay presa mala, como en el pollo rostizado les dan vueltas y vueltas.

Quedé hipnotizada con ‘La confesión de la leona’, del escritor Mia Couto, nacido en Mozambique, uno de los escritores más importantes en lengua portuguesa. Ganador de decenas de premios, finalista del Man Booker International, miembro de la Academia de la Lengua Brasileña. ‘Tierra sonámbula’ y ‘El último vuelo del flamenco’, llevadas al cine. Vive en Maputo (no sé muy bien dónde queda, pero allá vive feliz de la vida).

‘La confesión de la leona’ es casi un poema. Situada en un pueblo remoto, aislada dentro de la sabana desértica, cuya única comunicación con el mundo es a través de un río que se seca en verano, las leonas acechan sigilosas y cobran sus presas; los lugareños se sienten cercados y atemorizados.

Temen también a los cazadores foráneos, no confían, también creen que las leonas son espíritus reencarnados en busca de venganza, brujería de mujeres que siempre se vieron encerradas.

A una de ellas la escritura la había salvado de la locura: “los libros me entregaban voces como si fuesen sombras en pleno desierto” y “sabia es la luciérnaga que se vale de la oscuridad para encenderse...”.

Y que tal: “Un ejército de ovejas liderado por un león es capaz de derrotar a un ejército de leones liderado por una oveja”.

Esta última sentencia me aterriza. Aquí en Macondo somos un ejército de ineptos y politiqueros corruptos liderado por un orate que viene de un polvo cósmico y en su último Twitter nos manda una fotografía de sus papás, enamorados, autoproclamándose ‘hijo del amor’, lo que nos faltaba.

Por esta realidad tan irreal es que busco refugio en los libros. No veo noticieros, leo titulares de periódicos nacionales e internacionales para ratificar que estamos atrapados por una manada de locos que juegan con el botón nuclear. Ojalá no lo apreten antes de que termine este artículo. Un conversatorio en un auditorio del Hay Festival nos aterrorizó a sus asistentes precisamente por ese botón tan cerca de los dementes.

‘La confesión de la leona’ es el canto desgarrado de mujeres atrapadas en un machismo de machos, machos; pueden perder la vida si salen de su encierro y se ven con algún ‘macho’ aunque las múltiples violaciones son el pan de cada día, y ¡Ay que se queje!

“Magia y denuncia, poema y tragedia”. La prosa se mimetiza con el paisaje y fluye como el río que atraviesa la aldea y muestra la trágica e invisible guerra entre los hombres que abusan del poder y las mujeres que han sido educadas para renunciar a él.