La historia del arte político es tan larga como la propia historia del arte. Al contrario de lo que piensan muchos, el arte político no es un fenómeno moderno protagonizado en literatura por escritores como André Malraux, Bertolt Brecht o Pablo Neruda. O por artistas como Eisenstein, Diego Rivera o Joseph Beuys. Es mucho más antiguo. Antes de estos nombres, cabe citar los de Dante Alighieri, Miguel Ángel y Diego Velázquez y tantos otros más. Y si traigo a cuento esta venerable tradición, es para celebrar una muy notable intervención de arte político contemporáneo, realizada en el marco del actual campeonato mundial de futbol. Que demostró la capacidad del arte político de reinventarse y de mantenerse al día en materia de innovaciones estéticas y formales.

Me refiero a lo que hizo el performer congoleño Kuka Mboladinga durante el partido de su selección nacional con la de Colombia, en el estadio de Guadalajara. Ese día apareció impecable y deslumbrantemente vestido con saco y corbata rojas, camisa amarilla y pantalón azul. Los colores de la bandera nacional de la República Democrática del Congo. Llegó y se puso de pie en medio de la tribuna y se quedó inmóvil durante todo el tiempo que duró el partido, que ganó Colombia 1-0.

Lucía perilla, peinado y gafas elegidas cuidadosamente para acentuar al máximo su parecido físico con Patricio Lumumba. El primer presidente que tuvo el Congo belga, después de su independencia en 1960, y que fue asesinado en 1961 por un complot criminal urdido por la CIA. La actuación de Mbondinga pretendía, como todas las que pretendía hacer en los partidos siguientes de su selección, un único propósito. Recordar la figura de quien fue uno de los líderes de los movimientos de liberación que, en los años 50/60 del siglo pasado, lograron la descolonización de buena parte del continente africano. Su recuerdo fue ahogado por el interminable baño de sangre en el que se ha convertido la historia de la República Democrática del Congo desde su asesinato. Y que convendría recuperar ahora, cuando África vuelve al combate, esta vez por su segunda y definitiva independencia.

Mboladinga no cree que sea prioritario recuperar su memoria fundiendo en bronce o tallando en piedra estatuas en su nombre. Lo prioritario es identificarse con Lumumba, hasta el punto de convertirse en una réplica viviente suya, que incite a retomar el camino de liberación que truncó su asesinato.