En algunas conversaciones, los interlocutores solo logran percatarse de que sus posiciones no podrán conciliarse porque el asunto entraña contradicciones y problemas de raíz. Pasa con el devenir del individualismo y el colectivismo en su constante proceso de cambio y desarrollo, paradójicamente condenados a convivir en medio de debates sobre el futuro de la sociedad.
El individualismo predominante en las sociedades democráticas requirió la creación de la nación y el Estado, expresión de un derecho colectivo soberano. Esa dicotomía es tan vieja como la humanidad y plantea cuestiones jurídicas y políticas frente a la necesidad de reconocimiento de derechos colectivos excepcionales a favor de minorías, no exento de fricciones según su relacionamiento con las mayorías, disminuyendo la posibilidad de cohesión social entre el vecindario.
Hay tensión social cuando minorías radicales nacidas en el individualismo pretenden organizar la sociedad entera colectivamente conforme a una determinada ideología, con la que esperan subyugar a la mayoría. Creen que la realidad no es objetiva, sino que puede resetearse o crearse una nueva mediante la consciencia y las ideas. Es el caso del comunismo, los nacionalismos o el wokismo, que, bajo un supuesto altruismo, buscan cambiar el sistema constitucional y social teorizando sin alternativas viables.
Son ideologías que llevan la simiente de la deconstrucción de todo lo que huela a cultura occidental, capitalismo, empresas, separación de poderes públicos, raza blanca, contrapesos e instituciones organizadas por la ciudadanía. Seguro que en las cabezas en que anida tal ideología hay el objetivo de profundizar lo iniciado por el Pacto Histórico a través de Petro, es decir, el menoscabo de entidades fundamentales para la economía y seguridad del país, como Ecopetrol, el Banco de la República, el Sistema de Seguridad Social en Salud, la regla fiscal, las Fuerzas Armadas, universidades y programas de educación y vivienda.
Está en la agenda del candidato del Pacto Histórico la constituyente por firmas en curso –que no ha descartado– la cual entraña riesgos advertidos por el exmagistrado y expresidente de la Corte Constitucional, Manuel José Cepeda (Políticas Públicas. YouTube). En síntesis, si bien seguirá los trámites, el proyecto marca la pauta pero no se sabe para dónde va, no precisa circunscripciones ni delegatarios, podría afectar la soberanía indivisible y unidad de la Nación, no hay nada que prohíba la sustitución de la Constitución, incluirán lo que consideren, tipo de país o Gobierno, dominio de comunidades, reelección presidencial, perdón por delitos -que alerta de cara a la Paz Total o el pacto de la picota- eliminación de instituciones y de la separación de poderes, derivas no democráticas.
Algunos enfoques ocasionan en sociedades democráticas oposición porque sienten que se desprecian valores culturales y políticos de la mayoría, y que se pretende seguir un modelo político fracasado. Grupos ideologizados crean un colectivismo tal que se pierde la iniciativa e innovación necesarias ante las exigencias del mundo.
Al decir del filósofo español José Ortega y Gasset, ni la realidad es algo independiente de quien la percibe, ni es una construcción del yo; es una confrontación de este con sus circunstancias. Nuestro yo tiene la tarea de hacerlo y darle sentido para reaccionar.