Al escuchar al ministro de Hacienda saliente afirmar sin pestañear que el Gobierno Petro tiene las manos limpias, se me vino de inmediato a la cabeza la imagen de un hipopótamo. No por la asociación con el narcotráfico, aunque encuadraría dado su nexo con el crimen organizado, ni por ser una de las especies más peligrosas por su velocidad y mordida letal, aunque quien desgobierna a Colombia personifica esa y otras características indeseables.

Resulta que el hipopótamo es considerado una de las especies más sucias del reino animal. Al expulsar los desechos sólidos o líquidos del aparato digestivo, entiéndase defecar, usa su cola como un ventilador para esparcir las heces por todas partes. Lo hace para marcar territorio e indicarle a las hembras, con el olor intenso, que es fuerte y dominante. Creería que los hipopótamos, al igual que Germán Ávila, tienen un concepto peculiar de la limpieza.

Ministro: ¿No le da pena decir lo que dijo cuando el nivel de corrupción del Gobierno del que usted es parte no tiene parangón en la historia de Colombia? El que a doce millones de personas no les importe la putrefacción que expela de esa, su administración, y hayan votado por la continuidad del desfalco sistemático a las arcas del Estado, no le lava las manos al presidente, a su familia, a su gerente de campaña y a su séquito de corruptos.

¿Necesita que le refresque la memoria? Se le olvidó el saqueo a la Unidad de Gestión de Riesgos, la compra de los carrotanques, las tulas de billetes entregadas al presidente del Senado y de la Cámara para aceitar leyes en el Congreso -que tiene en líos a su predecesor- mientras el cerebro de la operación, Carlos Ramón Gonzales -que trabajaba a dos metros del despacho presidencial- continúa prófugo en Nicaragua porque la fiscal lo dejó volar.

Olvidó también los $15.000 millones de Benedetti -al parecer prestados por Maduro- para comprar los votos en la Costa que le dio el triunfo a Petro, los millones que le recibió el ‘hijo no criado’ a ‘El Hombre Marlboro’, la violación de topes por $5.300 millones que tiene ad portas de la cárcel a Ricardo Roa para no profundizar en el entuerto de la compra de su apartamento en Bogotá y los $500 millones aportados a la causa por alias ‘Papá Pitufo’.

Mala memoria tiene el Ministro de las manos limpias que pasa por alto los billones que se echó en latonería y pintura la ex primera dama cuando el país aún desconoce de qué vive en Suecia, país al que se le compraron 17 aviones de guerra a cambio de dádivas ridículas. Qué decir de los $150 mil millones extraviados del programa Caminos de Paz y el medio billón embolatado por el Cartel de las Regalías y que salpica a la exministra Irene Vélez.

Se le recuerda al funcionario inmaculado el escándalo en torno a Germán Trejo, asesor de comunicaciones de Petro, por la entrega que se le hizo de una partida de $9.444 millones. Cómo pasar por alto los miles de millones que se despachó la vicepresidenta en contratos y burocracia en un ministerio innecesario creado para darle contentillo a ella y sus huestes y el enriquecimiento súbito de una de las novias del presidente, en asocio de Euclides Torres.

Ni con diablo rojo se destapa la cañería de este gobierno. Razón tiene entonces el entrante en realizar un corte de cuentas y denunciar ante las autoridades todo hecho sospechoso de corrupción. La izquierda saqueó al país y lo sigue haciendo. Y en cuanto a los hábitos de higiene de los que habla el Ministro Germán Ávila, bueno es recordarle que el estiércol que esparce un hipopótamo no es nada comparado con la fetidez que emana del Gobierno.