“Lo que se ve en la mayor parte de la arena política hoy más que nunca se ajusta a esa descripción, del ‘poder para qué’. Con magníficas excepciones, quienes integran los partidos son más unas empresas electorales que han capturado partes del Estado, especialmente a nivel regional. Es hora de verdaderos liderazgos interesados en resolver los problemas de los ciudadanos, y con el talante y capacidad de hacerlo, sin odios y aceptando que se trata de una construcción colectiva”.
Transcribo exactamente el final de un artículo publicado en Contexto, 5 de noviembre del 2024, por Arnold Gómez Mendoza; precisamente por la frase “El poder para qué”, recordándonos la fuente que la inspiró en el corazón de Darío Echandía, cual fue el resultado del asesinato del líder político liberal Jorge Eliécer Gaitán y afirma que esta enigmática frase se quedó sin respuesta. A la luz de la evolución de la política en Colombia, es más que pertinente hallarla. La discusión pública parece ciega frente a los problemas del país. El Estado no es eficaz ni eficiente, hace rato, como lo ha manifestado la ciudadanía una y otra vez en estos momentos de elecciones presidenciales, pero pareciera que estamos, como lo dice el artículo, en 1948.
Pasados 20 años del Bogotazo, nos visitó el papa Pablo VI y en mensaje con los políticos, empresarios, gobernantes y sociedad civil, les pidió desactivar el estado de injusticias y que escucharan el clamor del pueblo, que estábamos a punto de reventar esa bomba social. Pasó el tiempo y en 1986 nos visitó Juan Pablo II y de nuevo un reunión con los mismos personajes les recordó la petición de su antecesor, y nos dijo “se nos acaba el tiempo, por favor escuchemos el clamor del pueblo” y en 2017 llegó Francisco con un mensaje de reconciliación y perdón, para hacer posible la paz como finalización del conflicto armado colombiano, desde Villavicencio, conmovido en la escucha de los clamores de las gentes, pidió “desactivar los odios y abrirse a la convivencia basada en la justicia y la paz”. En su visita a Villavicencio el 8 de septiembre de 2017, el Papa Francisco centró su mensaje en la reconciliación, el perdón y la verdad y lo hacía ante víctimas y victimarios.
Han pasado tantos años de estos llamados de atención donde la pregunta de “¿El poder para qué?“, no se ha respondido como es. El problema no está exactamente en las personas que están aspirando a ese poder; está en que no hemos entendido por qué lo quieren y para qué. Y además si tienen la formación la capacidad, la salud espiritual. y moral y física para ejercerlo; y entienden que no es una dignidad sino un servicio, que realmente exige el sacrificio, la generosidad y la grandeza del alma, y así ser fieles a la confianza que todo un pueblo deposita en quien elige para calmar sus angustias y ver realizadas sus esperanzas.
Qué bueno que los que están aspirando al ejercicio del poder delegado por quienes llevan tanto tiempo alzando sus voces y confiando en quien les cumpla, sepan tomar el latido de esos seres, y no les apaguen los sueños y esperanzas de vivir en un mejor país. Que no sean como dice la canción de María Isabel Saavedra: “Un aprendiz de caudillo, con disfraz de culebrero”, quien les robe los sueños de su patria y les frustre sus esperanzas. Déjense conocer de qué están hechos; abran sus corazones, muestren su talante y su condición humana y esa capacidad de servir sin esperar recompensa más allá de cumplir en justicia, en verdad y con sincero amor y dolor por su patria.