No, no estamos hablando de cualquier cosa. Hacia finales de octubre del año 25, el entonces ministro del Interior, Armando Benedetti, experto en jugadas sucias que el país conoce, apareció y dio anuncio sobre lo que dijo habían acordado previamente con los jefes paramilitares en relación con lo que él mismo llamó el Pacto de Valledupar.
Los jefes de los grupos paramilitares, extrañamente garantes de paz en el gobierno Petro, expresó Benedetti, irían a exponer sobre conductas altamente criminales de los jefes de la oposición Álvaro Uribe, Germán Vargas Lleras y Abelardo De la Espriella. Y se dio por cierta tal afirmación, aunque en realidad fue todo lo contrario.
Comenzando por Salvatore Mancuso, que inició el relato, se dijo entonces que era el gobierno Petro el que quería a cualquier costo embarrar a Uribe, a Vargas Lleras y al perfilado candidato Abelardo De la Espriella; y que de tales afirmaciones dependía la conservación de aquel gobierno.
Y efectivamente, los antiguos jefes paras se reunieron con abundancia en el Cesar, con Benedetti y Angie Rodríguez presidiendo estos dos últimos la reunión. Era la fase final de esos acuerdos de paz. Y luego se soltó el endriago, con el que pensaron que ganarían las elecciones.
Solo que, aun por encima de las presiones, Salvatore Mancuso habló y dijo la verdad de lo que llamaron el ‘Pacto de Valledupar’. Fue claro y preciso y negó lo que querían hacer aparecer como una verdad decisoria. Ninguna de esas cosas ha existido. Y ha mantenido su versión de rechazo a las argumentaciones del señor Benedetti, detrás del cual estaba Petro arrogante y faltón.
Y, como si fuera poco, la señora Angie Rodríguez, entonces directora del Dapre, con palabras de repudio contó cómo el cuento del Ralito, que es el mismo de Valledupar, fue un engendro del propio presidente Petro, cuando comenzó a sentir que, a pesar de todos los gastos horrendos del gobierno para perpetuarse en el mando y de la campaña ilegal abierta que mantuvo contra la prohibición constitucional que le impedía actuar en política, perdieron el poder mientras limpiamente ganaba De la Espriella.
Todo esto ha sido el horror. Angie Rodríguez, cuando después de Valledupar cayó en desgracia ante el desalmado presidente, quien en esa fase final se agarró a hacer contratos a diestra y siniestra, y nombró notarios en un día, soltó con otras tantas brutalidades la lengua de Angie; y contó -está- con detalles estremecedores lo que,, según su relato habría sido la adicción de Petro en las madrugadas, cuando se encerraba en baños a oler el terrible estupefaciente rosado conocido como tusi. Y además un día firmó un contrato indeterminado de trabajo para cuarenta y ocho adolescentes.
Lo cuenta ella con detalles y lo cuenta Álvaro Leyva y otros cuantos que han estado cerca y han conocido la podredumbre humana detrás de un presidente. Lo peor es que nadie puede decir: “Señor, líbranos de este peligro”, que ya pasó, ciertamente, pero nos dejó andando las condiciones económicas brutales que hoy nos asedian.
Un hombre como Petro, que llegó a matar en una guerrilla y a secuestrar y extorsionar, no es un idealista -lejos de serlo-, sino un ser manchado por el vicio y el desprendimiento de lo noble y bueno que puede albergar la mente humana. Algunos piensan que hay momentos en que se impone el mal... Sí, el hombre y la mujer somos proclives al mal, pero podemos y queremos volver al bien como el único camino.