Con frecuencia, las consultas que hacen las personas a profesionales del comportamiento por síntomas como ansiedad, depresión, insomnio, complicaciones psicosomáticas, etcétera, son una especie de boleta de ingreso para la consulta. Pero lo que realmente quieren es poder hablar de asuntos más profundos, cuya revelación anticipan como dolorosa. Para hablar de estos hechos se requiere mucho valor.
Un tema difícil de aceptar, y más difícil de compartir, es el de sentirse atrapadas en circunstancias negativas de las cuales no han sido capaces de escapar. Un ejemplo de atrapamiento son las adicciones de todo tipo. Otro son las relaciones de pareja disfuncionales que se mantienen por mucho tiempo debido a sentimientos absurdos de culpa, temor a la soledad, dependencia emocional, hijos, dinero, religión, sexo, fachadas sociales y por una multitud de otras razones que se suelen mantener ocultas. Otros ejemplos son los trabajos poco interesantes y las múltiples circunstancias que representan vidas falsas, rutinarias y aburridas. En resumen, lamentables desperdicios vitales que se aceptan como si no fuera posible un cambio.
Muchas de las personas atrapadas en cualquiera de las circunstancias descritas justifican, minimizan o niegan la gravedad de sus problemas, con lo que solo logran paralizarse. Unas posibles explicaciones para esa parálisis están contenidas en las investigaciones de Martín Seligman (1), quien realizó experimentos con perros enjaulados, a algunos de los cuales sometía a descargas eléctricas. El experimento se realizaba en tres grupos de perros: El grupo 1 podía apagar las descargas eléctricas presionando una palanca, con lo cual aprendían el control. El grupo 2 recibía descargas, pero no podían hacer nada para evitarlas. Estos animales no tenían control. El grupo 3 no recibía descargas. En una fase posterior del experimento, puso a los 3 grupos en una caja donde podían escapar. Resultado: Los perros del grupo 1 y 3 escapaban. Los perros del grupo 2 no escapaban, se quedaban acostados, así la salida estuviera abierta.
La conclusión de estos experimentos es que algunos de los perros habían ‘aprendido’ que escapar era imposible. Su cerebro había dejado de buscar salidas. Y hace el nexo con posibles razones que perpetúan situaciones de sumisión y sometimiento. Nos recuerda que muchas veces la incapacidad para salir de una situación insoportable se debe a esa ‘indefensión adquirida para escapar’, que le impide rebelarse contra situaciones indignas, y concluye que esa parálisis silenciosa está asociada al temor al sufrimiento psicológico. La persona sabe que confrontar su realidad es muy doloroso, tiene miedo de sufrir, siente que no tiene la energía para dar esa batalla, no actúa y queda atrapada. Al igual que el prisionero de muchos años a quien le abren las puertas de la cárcel y se rehúsa a salir.
Si el objetivo es luchar contra una esclavitud que la misma persona se ha construido, debe fortalecerse, empezando por no echarse más mentiras, aceptar su condición, enfocarse en lo positivo (gratitud, relaciones positivas, optimismo) y aceptar aliados que le digan la verdad. Ese proceso le irá mostrando el camino hacia la libertad.
1. Seligman, M. et al (1967). Failure to escape traumatic shock. J. Experimental Psychology, 74(1) 1-9