El viejo adagio, frecuente en el sector público, que señala que “el progreso llega sobre vías pavimentadas” pareciera atravesarse peligrosamente sobre Calima El Darién. La razón es que somos incapaces de lograr desarrollo con equilibrio. La visión del corto plazo nos mata privándonos de darle sostenibilidad a los territorios.
En el caso de Calima, la magnífica vía que lleva a Buenaventura, que no tiene nada que envidiarles a autopistas europeas, le dio un nuevo aire a la zona alrededor del embalse. Y cuando lo lógico era la oportunidad de hacer vivienda en áreas grandes de terreno, en ningún caso menores a 3000 mts o la perspectiva de hacer desarrollos turísticos de altos estándares y compromiso medioambiental en tratamiento de aguas, protección al ecosistema, preservación paisajística, todo para generar empleo y bienestar a la comunidad alrededor mediante un turismo responsable, como por ejemplo lo sabe hacer Comfandi, la ambición de desarrolladores con proyectos densos, otros que menosprecian el paisaje o incluso, quienes promueven invasiones, atrofian las perspectivas de una de las zonas más bellas de Colombia.
Calima reúne una serie de elementos medioambientales, rica en nacederos de agua; asiento de comunidades indígenas; huellas arqueológicas interesantes; régimen de vientos que lo hacen óptimo para deportes náuticos, está llamado a ser un pulmón de oxígeno puro y panorama insuperable.
A todas esas amenazas urbanísticas y politiqueras se agrega ahora la minería. Con el sofisma de los beneficios económicos de la explotación minera, pretende la Agencia Nacional de Minería la entrega de licencias de explotación menospreciando la interacción entre las zonas de exploración y las reservas forestales como Ríobravo o el Páramo del Duende. El planeta verde está lleno de heridas incurables porque tras la explotación del oro, el cobre, el platino y otros metales, está la deforestación y la contaminación de las fuentes hídricas que terminan bajando de las montañas con cargas de cianuro y otros químicos que arruinan la fauna y la flora sedientas.
Todos los mineros venden su lema de una minera responsable con el medio ambiente. Sin embargo, más adelante, los procesos de exploración y explotación van dejando cicatrices y afectando la vida de todas las especies, incluyendo la humana. Recuerdo el lema de Jericó frente a las expectativas de Anglo Gold Ashanti: “¿Minería? Sí, pero no aquí”, y ese verde suroeste antioqueño se enfrentó altivo ante la multinacional logrando suspender sus expectativas económicas.
¡Respeto para ese pulmón verde que es Calima, para sus especies y su medioambiente!