La politiquería de estos días huele a cañería de aguas negras. Twitter, TikTok e Instagram están llenas. ‘La contienda electoral’ se convirtió en el espectáculo más denigrante y vergonzoso que he presenciado o, mejor dicho, leído y escuchado. Imposible apartarse del tufo. Revistas, periódicos, noticieros radiales y televisados botan odio, polarización, veneno o excrementos.

Los candidatos no tienen ideas que ofrecer ni programas, pero sí poseen el vocabulario denigrante, el único que utilizan… escupitajos, acusaciones y señalamientos.

Que si la Paloma está gorda y gritona, que si Abelardo es un monstruo, que si Fajardo es blandito como el camembert, que si Miguel Uribe es más torpe que una tapia y más soberbio que Petro, que si Pinzón solo sabe decir Fiiir y marchar uno, dos, tres. Que Vicky tiene peste de rabia, que si Clara López se enloqueció en su tercera o cuarta edad, que si Uribe se le llenó la cara de granos y está como un pimentón de la angustia que tiene de ser condenado y alejado del mundanal ruido. Que si Cepeda es un comunista que piensa fusilar a todos los que tengan más que un salario mínimo; que si Roy, el rey de los camaleones, se volverá a colar y triunfará como el Espíritu Santo, que está presente en todas partes aunque nadie lo pueda ver.

Las vallas publicitarias para Cámara y Senado dan susto; sonrisas postizas, dientes blanqueados, mensajes mentirosos, unos son tan soberbios que ni siquiera ponen su apellido; se supone que todo el mundo ‘sabe quién soy yo’.

Busco refugio en los libros; son mi salvación y mi higiene mental. Me reúno con amigotes de toda la vida. Está prohibido hablar de política y, obviamente, de enfermedades.

Mi voto será por Sergio Fajardo si llega a la segunda vuelta; de lo contrario, me iré en blanco como en años anteriores. Todo menos ser cómplice de tanta mediocridad. Prefiero ser un Pilatos que untarme de lo que sabemos.

Tomaré Smecta Mental; eso controla cualquier daño estomacal o mental.

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Posdata. Cambio de tema drásticamente: no se pierdan Hamnet, la mejor película que he visto en años. Verla y sentirla es reconectarse con la humanidad, el amor, la compasión, el dolor y el perdón. Con razón está arrasando con todos los premios. Volver a sentir que late el corazón.