Hubo un propósito común en el electorado que votó por Abelardo De la Espriella: impedir la continuidad de un calamitoso gobierno de izquierda y recuperar entre otros, lo perdido en seguridad, salud y estabilidad económica de la Nación.

Ese objetivo representa un desafío para el nuevo gobierno, y la necesidad de un gabinete con experiencia y sensatez a partir del 7 de agosto, pues no es lo mismo estar en campaña que gobernar. Desde su derrota, la oposición pretende desestabilizar al país y provocar al triunfador con demandas y tergiversaciones, ante lo cual, el presidente electo y su equipo tendrá que adelantarse a las estrategias de ella, y evitar distracciones innecesarias, enfocándose en lo fundamental. A buena hora, el mandatario electo instruyó a sus ministros en el sentido de seguir una hoja de ruta, trabajar más para el pueblo y hablar menos, centralizando y ordenando las comunicaciones volcadas al ciudadano y a las regiones, para atender sus necesidades.

El gobernante saliente e Iván Cepeda, como opositores, se servirán de las mismas subrepticias prácticas, y sembrarán desconfianza y odio para encender las calles. No ha iniciado el nuevo gobierno y ya con cinismo el candidato derrotado lo acusa de configurar un gobierno paramilitar, siendo que ellos son precisamente quienes habrían incubado ese fenómeno gracias a su tolerancia– por decir lo menos- con grupos armados criminales, bajo la sombrilla de la paz total. Hay paramilitarismo si un sector del poder político permite, de algún modo, a estructuras armadas mafiosas expandirse e incrementar su dominio y economía ilegal, constriñendo a poblaciones, como sucedió en el país a niveles sin precedentes.

Por información y audios, fruto de serias y rigurosas investigaciones -aún no adelantadas por autoridades ni por la Comisión de Acusaciones- se sabe de personas vinculadas al gobierno en diálogos con la criminalidad, en que se comprometió la soberanía y seguridad del país, ‘congelando’, como de hecho ocurrió, las operaciones e inteligencia de las fuerzas armadas legítimas constituidas para proteger la honra y la vida. Con pruebas tan contundentes, vendrán demandas y procesos legales por ese caso y por otros más, contra los presuntos responsables penales y políticos, por acción u omisión.

Cepeda comenzó el alistamiento en primera línea y conminó a De la Espriella bajo la amenaza de una desobediencia civil, que resulta ser un eufemismo, si se considera los hechos y las consecuencias que rodean a su mentor, y a él mismo en sus gestiones. Una vez más, se estaría ante el riesgo de resurgimiento de los demonios e hilos ocultos que durante el llamado estallido social (2021), movieron frentes violentos, bloqueos y destrucción, a fin de comprometer la estabilidad del país. Así abonan terreno para campañas electorales de corte populista, incluso para criminales que coaccionan a los pobladores, y a voz en cuello desean que gane su candidato para “apretarlos otros cuatro años más”, según uno de los citados audios.

Es cuestión de vida liberarnos de grupos violentos e ideologías soterradas, buscando la verdad con información fidedigna y fuentes idóneas. Lo contrario, nos remite a la alegoría de la caverna de Platón: seres humanos están encadenados allí desde el nacimiento, solo ven sombras proyectadas en una pared y creen que son la realidad; lo inequívoco es que están atrapados en una ilusión.