Es descorazonador ver que un gobierno que se presentó a los cuatro vientos como el gobierno del cambio, el que iba a corregir los vicios de los gobiernos anteriores y que despertó ilusiones en miles de colombianos que aspiraban a grandes transformaciones, esté entregando un balance tan lamentable.

La seguridad ciudadana tan mal como no se veía desde comienzos de la década pasada, un sistema de salud que, con muchas cosas por mejorar, era caso para destacar en el contexto de países similares e, incluso, frente a los sistemas sanitarios de países más desarrollados. Un sector energético en el que no solo se ha desperdiciado un tiempo muy valioso para aprovechar su potencial, sino que se reducen las posibilidades de financiar la inversión en otros sectores, por cuenta de unas posiciones ideológicas llevadas a recoger en un mundo en el que los países se concentran en la adaptación antes que en las posiciones extremas de una irreal eliminación de los combustibles fósiles. Pero, además, desmantelando a la empresa más importante del país por la obstinación de sostener a sus amigos sin que le importen las consecuencias de toda índole que este tipo de actitudes suponen.

Será el gobierno recordado por el mayor número de escándalos que se recuerde y uno de los que más casos de corrupción registra y así podría seguir, indefinidamente, con esta enumeración con temas como el de la educación y, ni se diga, el del grave problema fiscal que va a encontrar el próximo gobierno. En resumen, un balance lamentable.

Lo paradójico es que el grueso de la población no percibe la magnitud del problema, por cuenta de la burbuja de consumo en que estamos viviendo. Los ingresos del narcotráfico con áreas récord de coca, los recursos que llegan por cuenta de los cuantiosos casos de corrupción, los que vienen de la minería ilegal con precios del oro que han superado todos los registros y con los ingresos adicionales de los miles de contratistas militantes, como les dicen, terminan creando una sensación de ‘bonanza’ que es a todas luces irreal, pero que puede producir una sensación de adormecimiento muy perjudicial.

Es fundamental para el futuro de Colombia, a partir del 7 de agosto, contar con un Congreso y con un presidente que esté lejos del narcisismo y la irresponsabilidad del actual y que actúe como un verdadero hombre de Estado. Todavía es temprano para saber quiénes son los que tendrán posibilidades y se ajusten a esta condición, pero lo que sí es inmediato son las elecciones para el Congreso. Es fundamental y es lo urgente lograr que sean los mejores candidatos los que resulten elegidos. Hay que votar y hay que hacerlo a conciencia, pues es mucho lo que hay que hacer por Colombia.