“Tal ve’ mi música no sea sana. Pero yo no me inventé el sexo ni la marihuana-huana”.

“Una nalgada y la dejo como Po, hey. Le doy por donde hace pipí, por donde hace popó”.

Esta letra es parte de ‘Baticano’ del artista puertorriqueño Bad Bunny, desde hace varios años el artista más importante de la música latina; en este momento tiene 10 temas de su autoría dentro de los 50 más importantes de la lista global de la plataforma Spotify. Para entender qué dicen sus canciones hay que acudir al internet; no sé si tienen mensajes ocultos, seguramente, o la brecha generacional me sacó hace rato de las nuevas tendencias musicales. Absolutamente; yo me quedé en Soda Stereo.

Hace una semana el tipo la sacó del estadio en la final del Super Bowl, la fiesta deportiva más importante para los norteamericanos, una fiesta comparable con la celebración del Día de la Independencia y el Día de Acción de Gracias; no entendí nada de lo que cantó, pero eso no importa. Es paradójico que en estos tiempos, en los que estamos supuestamente hipercomunicados e hiperinformados, los que estaban en el estadio no entendieran nada de lo que pasaba y los que estábamos afuera a miles de kilómetros viendo el televisor tampoco comprendíamos nada de lo que cantaba Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre real de Bad Bunny, pero sí entendíamos el mensaje global, político, no sé cómo llamar a eso. ¿Qué fenómeno de la comunicación se dio ahí para que un hombre que no tiene voz, ni letras, ni se le entienda nada, que poco habla porque no da entrevistas, envíe un mensaje tan poderoso?

Todo conectó durante la presentación en la que lo menos importante era su música (sí, su música es música); cada detalle de la escenografía, el vestuario, los invitados, la utilería, llevaban un mensaje político contra las medidas antimigratorias del gobierno Trump, contra las guerras, contra el colonialismo y toda una reivindicación de la cultura latina, la ‘latinidad’, que además sirvió para abrir una nueva discusión entre los latinos: ¿Quién es latino y qué es ser latino?

Parece que del Perú hacia abajo algunos no se sienten tan latinos como nosotros. Los bolivianos se identifican con la cultura aimara y reniegan del pasado colonial español, desde Chile los mapuches reclaman su propia identidad como ‘nación’ libre y soberana, algunos argentinos se cuestionan su identidad latina y reclaman que “los argentinos venimos de los barcos” aludiendo a las grandes migraciones de italianos y europeos del este que llegaron a formar ese país a finales del Siglo XIX y arriba, los canadienses felices porque Bad Bunny los incluyó en la lista, recordemos que Trump ha dicho varias veces que Canadá será el estado número 53 de los Estados Unidos.

Si Bad Bunny se lanza a la presidencia de Latinoamérica, seguro gana de lejos. Resultó ser un gran comunicador: nadie entiende lo que canta; en su natal Puerto Rico editaron un diccionario para explicar las expresiones y palabras que usa, pero llena estadios en Medellín, Buenos Aires, donde sea. “Qué profundidad, qué conceptos, qué reivindicaciones ha unido a Latinoamérica”, decimos todos los que vimos su presentación en el Super Bowl, ¿pero qué dijo, alguien entendió algo? Es decir, no entendimos nada, pero le entendimos todo, una contradicción filosófica de la comunicación global.

El filósofo y teórico de la comunicación Marshall McLuhan dijo en 1964: “El medio es el mensaje”, refiriéndose a la forma como se transmite la información, ya que el canal y la manera como se transmite resultan más importantes que el mensaje. McLuhan fue el profeta de las redes sociales y predijo que las tecnologías de la comunicación transformarían al mundo en una aldea global hiperconectada. Bad Bunny es un hijo de McLuhan.

“Debí tirar más fotos de cuando te tuve, debí darte más besos y abrazo’ las veces que pude.

Ojalá que los míos nunca se muden y que tú me envíe’ más nude".

Del álbum DtMF Benito Antonio Martínez Ocasio.