Como acertadamente lo ha señalado Moisés Naím en La revancha de los poderosos,2022,el populismo, la polarización y las posverdades -las tres p-son las tres herramientas con que “se obtiene, se usa, se abusa y se pierde el poder en el Siglo XXI” y que ponen en peligro a la democracia; pero habría que sumar otras tres: la indiferencia, la intolerancia y la insubordinación. Además, todas esas seis evidentes amenazas a la democracia están marcadas por tres más: la hipocresía, el cinismo y la falsedad; y ahora toca agregar la grosería.

Indiferencia, la que es a menudo usada inconscientemente como un mecanismo de defensa contra la decepción, que es un estado de neutralidad o de falta de interés o, en este caso, de rechazo hacia la actual política del país, e implica la no participación en las elecciones, manteniendo la abstención de cerca de la mitad de los ciudadanos de las últimas décadas. Abstenerse significa privarse voluntariamente de participar en una votación, pero ignorando que eso puede perjudicar a todos los ciudadanos. Que ahora lo responsable es votar en blanco.

Intolerancia, exteriorizada en la incapacidad, consciente o inconsciente, de aceptar opiniones, políticas en este caso, diferentes a las propias, y que se manifiesta como una total intransigencia en los debates públicos, o en no aceptarlos, o en un evidente fanatismo en las opiniones escritas. Es una pasión desmedida e irracional en la defensa de las ideas que se creen propias, que provoca la incapacidad de aceptar perspectivas contrarias, pese a que su coexistencia y discusión constituyen, precisamente, una de las bases dela democracia autentica.

Insubordinación manifestada permanentemente por las amenazas de todos los días y con el menosprecio respecto a las leyes del país, comenzando por las normas del tránsito en sus carreteras y calles, lo que a menudo lleva a la violencia; y desde el terrorismo, las disidencias de las guerrillas, los secuestros, el narcotráfico hasta la delincuencia común. Violencia que se manifiesta desde afectar la integridad física, emocional, psicológica y económica de las personas hasta el asesinato, llevando a que en Colombia de nuevo repunte la ‘violencia total’.

Hipocresía, en tanto la simulación de cualidades, sentimientos o valores contrarios a los que realmente se tienen o practican; o cuando las opiniones y las acciones de las personas no coinciden; o criticando los comportamientos de los otros que la persona que lo hace no los practica; o mostrando documentos o imágenes falsos. La hipocresía en la política es la discrepancia entre las palabras y las acciones de los actores públicos, a menudo utilizando un doble rasero para mantener el poder, o adoptar posturas ajenas por fidelidad partidista.

Cinismo, claramente manifestado por una actitud de desvergüenza, descaro o falsedad al actuar o al simplemente mentir, a menudo ignorando normas éticas o sociales, e incluso las morales y religiosas. Por su parte, el cinismo político es toda una estrategia de poder caracterizada por la desvergüenza, la burla y la desfachatez en el discurso y acciones de los actores políticos, utilizada para poner a prueba los límites del sistema, o para ignorar las normas éticas y poder de esta manera desmantelar la rendición de cuentas sin sufrir consecuencias.

Falsedad, o sea, la falta de conformidad entre las palabras, ideas y la realidad, abarcando engaños, hipocresía o inexactitudes. Jurídicamente, se refiere a la alteración de la verdad, dividiéndose en falsedad material (crear o alterar un documento) e ideológica (contenido falso en documento auténtico), constituyendo ambos delitos que afectan la fe pública. Además, la corrupción se da a todos los niveles, ya sea consciente o inconscientemente, a través de sobornos, malversación, extorsión y tráfico de influencias, erosionando aún más la democracia.