Los buenos líderes históricamente se han caracterizado por tener una responsabilidad superior con los ciudadanos, que normalmente prevalece sobre sus propios intereses. Ser líder implica en muchas ocasiones sacrificar intereses personales, familiares y hasta ideológicos con tal de lograr lo mejor para quienes lo siguen. En un país, cuando un buen líder logra sistemáticamente pensar más en el fin último de la nación en lugar de sus propios intereses, se termina transformando en lo que reconocemos como un estadista.

El impacto de las redes sociales en la inmediatez de la comunicación y la no existencia de filtros que garanticen la calidad de los contenidos, ha revolucionado la forma de comunicarnos e informarnos. Este nuevo modelo ha representado un reto para muchos sectores como son la prensa y los productos de consumo masivo. Sin embargo, la política y en especial los líderes o generadores de opinión son un grupo que ha tomado especial importancia e impacto en este ámbito de las redes sociales.

Nunca fue más fácil conocer la opinión de las mayorías. Hasta hace unos años se tenían que realizar costosas y demoradas encuestas. Hoy basta con subir un contenido a redes sociales para empezar a intuir hacia donde se mueven las mayorías independientemente del impacto o relevancia que estos grupos tengan en la sociedad.

Este cambio en las formas de consultar, ha llevado a que muchos líderes se aprovechen de diversas situaciones. En lugar de proponer soluciones e incidir en el pensamiento colectivo para lograr establecer la solución más benéfica para la sociedad, acomodan sus posturas a las posiciones más populares.

En la historia del mundo y de nuestro país, siempre han existido líderes populistas, que más que defender una ideología o visión de futuro buscan llegar al poder para perpetuarse en él. Normalmente con afirmaciones mentirosas que a primera vista suenan bien, pero que en el fondo la mayoría de veces son inviables, insostenibles o poco benéficas.
Hoy la política de nuestro país y nuestra sociedad en general pareciera estar muy afectada por esta tendencia y se percibe una carencia de verdaderos estadistas. En los últimos días uno de los líderes de la oposición en búsqueda de dañar la reputación del gobierno nacional y continuar dividiendo al país, se ha dedicado a emitir mensajes falsos en contra de la vacunación sin pensar en el costo de vidas que semejantes opiniones pudieran traer. Una total irresponsabilidad.

En Cali ocurre algo similar. Algunos de nuestros supuestos líderes se han dedicado a tratar en redes temas de poca relevancia, pero altamente populares como el fútbol y sus barras. Sin embargo, me genera mucha más preocupación el silencio cómplice de muchos frente al desgreño administrativo y la corrupción que viven algunas de nuestras instituciones. Si bien mantener posturas duras y éticas frente a estas problemáticas no son en ocasiones las más populares, el silencio o apatía por temores a represalias en redes o porque simplemente son parte del círculo de corrupción es inaceptable.

Los líderes están llamados a plantear posiciones nuevas, innovadoras y arriesgadas, que solucionen los problemas. Deben incidir en el pensamiento colectivo, visibilizar los problemas reales de nuestra sociedad y plantear soluciones. No pueden por simple populismo guardar silencio o adoptar posturas cómodas y populistas.