En la memoria del pueblo afrocolombiano retumba la desafortunada frase que emitió el presidente Gustavo Petro en un concejo de ministros televisado hace ya varios meses. “A mí nadie que sea negro me va a decir que hay que excluir a un actor porno”, exclamó el primer mandatario. Con esas palabras, incurrió en el garrafal error de comparar la causa del pueblo afrocolombiano contra el racismo, con la de un intérprete de cine para adultos.
Esta manifestación de racismo generó profundo rechazo entre la población afro y se sumó a la desazón generalizada a raíz de su relación con la vicepresidenta Francia Marquez. Ella, después de haber jugado un papel fundamental en las elecciones de 2022 y de haber aportado su capital político a la victoria petrista, durante estos cuatro años se ha visto relegada a un papel poco visible del cual, ella misma ha manifestado sentirse triste y afectada.
Este panorama resulta contradictorio al analizar, por ejemplo, las palabras del presidente Petro durante su visita a Haití en julio de 2025. Allí, de manera magistral, Gustavo puso el relieve el papel fundamental de Haití en la consecución de la independencia de Colombia, mostrando así su profundo nivel de conciencia acerca de la historia afro a nivel continental.
También choca con la realidad innegable de que el gobierno Petro es, sin lugar a la mínima duda, el que más participación ha otorgado a la población afrocolombiana en términos de la función pública. Estamos hablando de la primera vicepresidenta negra de la historia, al menos 5 ministros incluyendo al canciller de la República y a la primera y única vicecanciller palenquera de la nación. Esto, además de una cantidad considerable de viceministros, embajadores y directivos que supera los 80 perfiles afro en el alto gobierno.
Entonces queda una estela de duda sobre la posición del progresismo frente a la población afro. ¿Son, realmente, los gobiernos progresistas, un lugar seguro para nosotros como pueblo negro de Colombia? O, una vez más, nos están utilizando en el contexto electoral pero luego nuestras voces terminan siendo silenciadas mientras las jerarquías tradicionales del poder vuelven a reproducirse…
La respuesta para mí es clara: hay racismo en la izquierda y hay racismo en la derecha. El racismo es un mecanismo de opresión estructural al cual no escapan los gobiernos progresistas porque no hay rincón de nuestro estado nación libre de las injerencias del pensamiento racista.
Sin embargo, es claro que nuestro panorama es mucho mejor del lado del progresismo. Es aquí donde tenemos, al menos, la posibilidad de acompañar la construcción de nación con un mínimo de reconocimiento. Porque la ultraderecha no sólo es racista. Es excluyente por antonomasia. Lo peor que podemos hacer es elegir a quien ya nos advirtió de que come de negro ni de indio, y que está dispuesto a destripar a todo en que piensa diferente. Mi voto es por Cepeda.