Javier Rosero se disculpa por no contestar la llamada a la hora acordada.

— Estaba poniendo unas células humanas en cultivo y mañana las voy a infectar con el parásito de la leishmania, que también tengo en cultivo —dice, como si aquello fuera tan cotidiano como hacer una diligencia en un banco.

En un laboratorio en Gainesville, en el estado de Florida, Estados Unidos, conversa frente a un microscopio de medio millón de dólares. Allí, este científico colombiano observa cómo un parásito microscópico invade células humanas y se multiplica dentro de ellas.

Javier, nacido en Bogotá en 1995, dedica sus días a estudiar Leishmania donovani, una enfermedad potencialmente mortal que afecta sobre todo a poblaciones vulnerables en regiones tropicales como Colombia.

Javier Rosero llegó a Estados Unidos a hacer ciencia gracias a becas. “Cualquiera puede hacer ciencia, no es tan inalcanzable como se cree, las oportunidades están disponibles para todos”, dice. | Foto: El País

Según un informe del Instituto Nacional de Salud, en el país se han registrado 357 casos de esta forma de la enfermedad entre 2017 y 2023. En 2025 se reportaron dos pacientes, un niño y una niña en Sucre.

La investigación de Rosero, desarrollada junto al profesor Peter Kima, describe cómo el parásito secuestra una maquinaria celular en el cuerpo humano para poder multiplicarse. Entender ese mecanismo equivale a identificar las herramientas que necesita para sobrevivir. Si se logra bloquear ese proceso, el parásito deja de reproducirse.

En otras palabras, el hallazgo abre un camino para desarrollar una cura contra una enfermedad “que aún tiene opciones de tratamiento muy limitadas”.

¿Qué es la leishmaniasis y por qué sigue siendo un problema de salud pública?

La leishmaniasis es una enfermedad causada por parásitos del género Leishmania. Se transmite por la picadura de un insecto conocido como flebótomo o mosca de la arena.

Existen varias formas de la enfermedad. Algunas producen lesiones en la piel, pero hay una forma mucho más grave: la leishmaniasis visceral, que afecta órganos internos como el hígado y el bazo y puede ser mortal si no se trata. Es la que investigo. Es una enfermedad tropical desatendida que afecta sobre todo a poblaciones vulnerables en regiones de Asia, África y América Latina.

El investigador bogotano Javier Rosero analiza muestras con microscopía avanzada. Su estudio identificó un mecanismo clave que el parásito utiliza para reproducirse. | Foto: El País

¿Cuál fue exactamente el descubrimiento de su investigación?

Lo que descubrimos, junto al doctor Peter Kima, quien lleva más de 20 años estudiando la leishmaniasis, es un mecanismo que el parásito utiliza para multiplicarse dentro de las células humanas.

Cuando el insecto pica, libera el parásito en el torrente sanguíneo. Pero la sangre es un ambiente muy hostil para el parásito, está llena de anticuerpos y defensas. Para sobrevivir, entonces, se esconde dentro de las células. Las usa como ‘cuevas’.

Cuando el parásito entra en una célula, queda rodeado por una membrana, una especie de ‘piel’ que lo protege. Pero cuando llega el momento de dividirse para formar dos nuevos parásitos, esa membrana tiene que romperse o cortarse para que la división pueda completarse. Lo que encontramos fue, por decirlo de manera sencilla, las “tijeras” que realizan ese corte. Al quitarlas, el parásito no puede dividirse y multiplicarse dentro del cuerpo, entonces muere. Las tijeras en realidad son un complejo de proteínas que permiten cortar esa membrana.

¿Qué ocurre entonces si esas “tijeras” no funcionan?

En nuestros experimentos eliminamos ese complejo de proteínas. Y cuando lo hicimos, descubrimos que el parásito ya no pudo dividirse. Queda, por decirlo de alguna manera, atascado: no logra multiplicarse ni sobrevivir dentro de la célula. Ese resultado nos permitió identificar un punto débil del parásito.

Una célula de macrófago humana "devorando" un parásito de leishmania, en el círculo amarillo. | Foto: El País

¿Qué tan frecuente es la leishmaniasis en el mundo?

Es endémica en regiones tropicales. La especie que yo estudio, Leishmania donovani, causa la forma visceral, la más letal si no se trata. En India la llaman ‘kala-azar’, que significa “fiebre negra”. También hay casos en África y América Latina.

La Organización Mundial de la Salud la clasifica como enfermedad tropical desatendida. Eso significa que afecta principalmente a poblaciones pobres y no recibe la misma inversión en investigación que otras enfermedades.

Cuando una persona es picada por el insecto que transmite la enfermedad, su sistema inmunológico se debilita. Entre los síntomas están fiebre, aumento del tamaño del bazo, también del hígado y los ganglios, se registra anemia, pérdida de apetito y peso.

¿Y cómo es que un bogotano llegó a investigar parásitos en Estados Unidos?

Llegué a Gainesville en 2019. Empecé estudiando biología básica, pero en conversaciones con un amigo que hacía doctorado en microbiología descubrí que lo mío eran los microbios, bacterias, virus, parásitos. Tomé una clase sobre enfermedades parasitarias como la malaria y la leishmaniasis y me fascinó entender cómo estos organismos tan pequeños pueden causar enfermedades tan complejas.

Le escribí al profesor Peter Kima en plena pandemia de coronavirus. Le dije que quería trabajar en su laboratorio. En 2020 no fue posible por las restricciones sanitarias, pero en abril de 2021 entré como estudiante de pregrado. Aprendí a cultivar el parásito y a manejar técnicas de investigación avanzada. Me gradué con honores en 2022 y ese mismo año fui aceptado al doctorado en Microbiología y Ciencia Celular. De 200 aspirantes aceptan solo diez.

Comprender cómo se reproduce el parásito es el primer paso para desarrollar tratamientos más eficaces, explica el científico colombiano. | Foto: El País

¿En qué se especializa dentro del laboratorio?

Mi fuerte es la microscopía avanzada. Opero uno de los equipos más sofisticados del departamento, y entreno a otros investigadores. Nuestro microscopio costó cerca de medio millón de dólares. Gracias a esas técnicas podemos observar en tiempo real lo que ocurre dentro de las células infectadas.

¿Influyen los recortes presupuestales que está haciendo Trump en este tipo de estudios?

Sí. Hubo momentos en que los recortes federales afectaron la contratación de estudiantes y la financiación de proyectos. La ciencia depende en gran medida de recursos públicos. Aun así, hemos logrado mantener el ritmo de la investigación.

Volvamos a Bogotá. ¿De dónde nace su vocación científica?

Siempre fui curioso. Veía documentales de naturaleza, dinosaurios, exploración, programas de National Geographic. En mi familia hay abogados y economistas, yo soy el único científico. Hubo un momento decisivo. En 2018, cuando tenía 22 años, a mi hermana menor le diagnosticaron cáncer. Tenía apenas 14. Fue una experiencia muy dura. Eso me obligó a madurar y despertó en mí el deseo de hacer algo relacionado con la medicina. Entendí que quería dedicarme a comprender las enfermedades.

¿Se siente cerca de descubrir una cura de leishmaniasis?

La ciencia no funciona con atajos. Lo que hicimos es aportar una pieza fundamental del rompecabezas: entender mejor la biología del parásito. Sin conocimiento básico no hay tratamientos nuevos.

Nuestro objetivo ahora es traducir este hallazgo en estrategias terapéuticas que impidan que el parásito se reproduzca. Si logramos bloquear ese mecanismo, el parásito no se divide. Y si no se divide, muere.

La leishmaniasis afecta principalmente a poblaciones vulnerables en regiones tropicales de Asia, África y América Latina. | Foto: El País

¿Qué significa para usted representar a Colombia en donde el país casi no es protagonista, la ciencia?

Es un orgullo. La leishmaniasis también afecta regiones de América Latina. Me motiva pensar que, desde un laboratorio en Florida, puedo contribuir a la investigación de una enfermedad que impacta a comunidades vulnerables en nuestro país y en muchas otras regiones del mundo.

¿Qué les diría a los jóvenes que quieren dedicarse a la ciencia?

Que es un camino difícil, pero muy apasionante. La ciencia requiere curiosidad, paciencia y mucha perseverancia. Pero cualquier persona que tenga interés y disciplina puede hacerlo. Cualquiera puede hacer ciencia. Yo logré prepararme y estudiar en el exterior gracias a becas. Las oportunidades están allí, al alcance de todos.