Habría más proximidad de Trump con países latinoamericanos, pero se vivirán momentos de tensión con Cuba, México y Venezuela.
Latinoamérica no estará entre las prioridades del nuevo presidente de EE.UU. Sin embargo, la relación entre su gobierno y los de los países de la región, podría ser de reacercamiento, eso sí, sin descartar episodios de tensión especialmente con México, Cuba y Venezuela. Lea también: Donald Trump asusta al mundo, ¿se cumplirán sus amenazas?
Analistas como Enrique Serrano, profesor de la Facultad de Ciencia Política y de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, consideran que el establecimiento republicano, más que el propio Donald Trump, intentará un reacercamiento con América Latina, con una concepción más moderna y adaptada a los tiempos, que sea más satisfatoria para ambas partes.
La tradición republicana es de mayor cercanía con América Latina, tiene un mayor involucramiento que la tradición demócrata, reafirma Serrano.
El catedrático añade que hay recelos y prejuicios con respecto a Trump que se hacen agudos más en unos países latinoamericanos que en otros, sin embargo, el 2017 será un año de examen mutuo para saber cuál será el tono de las nuevas relaciones y qué tipo de cosas se podrán hacer o desechar.
En opinión de la politóloga y docente del Departamento de Mercadeo y Negocios Internacionales de la Icesi, Luciana Manfredi, ese recelo es producto de los comentarios que hizo Trump durante la campaña electoral, y sostiene que, seguramente, él será más cercano a naciones con gobiernos más liberales o de centroderecha que con otros países. Pero en general, la relación será bastante marginal.
La política de protección económica que prometió Trump en su país podría inclinar la renegociación de los Tratados de Libre Comercio, advierte el profesor de ciencias políticas de la Universida del Valle Héctor Moreno Parra.
El tema de México (inmigración, por ende mano de obra más barata, etc) implica una amenaza valorable hacia las capas media y baja del campesinado estadounidense que dieron un apoyo grande a Donald Trump para ganar las elecciones y ello tiene que ver con la política de protección económica que puede inclinar los Tratados de Libre Comercio y puede implicar una renegociación de estos, como el TLC con México.
Para la docente Luciana Manfredi otro tema delicado con los mexicanos es la construcción del muro fronterizo, el cual, revela ella, cuando él lo dijo en época de campaña le pareció poco posible, pero en este momento no me parece nada improbable.
La relación diplomática y económica de EE. UU. con México es importante para nosotros como Latinoamericanos y colombianos en particular, subraya Manfredi, porque somos miembros de la Alianza del Pacífico y México es uno de sus miembros.
No hay que olvidar, comenta Moreno Parra, que Obama envió 2,5 millones de personas a la frontera mexicana, de tal manera que Trump va a mantener la misma presión con los mexicanos, con la particularidad que hay más intención de racismo en el nuevo presidente.
Relaciones espinosasCon relación a Venezuela, Serrano considera que Trump será más duro, pues él, al igual que los republicanos en general, está más interesado en que el gobierno de Nicolás Maduro caiga, y que ese modelo de revolución bolivariana quede en el pasado, que haya una relación con un nuevo gobierno, pragmática, de reconstrucción general, porque lo que necesita este país es una reconstrucción nacional, el daño es inmenso y se demoraría todos los años de Trump y otros más en recuperarse.
Creo, agrega Serrano, que con Venezuela sí habrá un tratamiento especial que supone la restauración de la normalidad del país y el uso racional de sus recursos.
De otra parte, Cuba no le preocupa tanto a Trump como México, pues la isla no afecta tanto los intereses internos de los estados americanos, como sí lo está haciendo el país manito con el tema de la mano de obra final en los EE. UU., manifiesta Moreno Parra.
Sin embargo, interviene Serrano, es muy probable que Donald Trump actúe de modo pragmático continuando con lo que ya inició Obama (más apertura hacia la isla), pero exigiéndole cambios políticos y sociales al gobierno de Raúl Castro.
Y las exigencias ya se ven venir. Pues tal como lo advirtió esta semana Rex Tillerson, designado secretario del Departamento de Estado de EE.UU., el nuevo gobierno analizará el criterio por el cual Cuba fue excluida de la lista de naciones que apoyan el terrorismo y se verá si esa exclusión fue apropiada y si las circunstancias que condujeron a la exclusión aún existen.
Para Tillerman nuestro reciente acuerdo con el Gobienro de Cuba no fue acompañado por ninguna concesión importante en derechos humanos. No los hemos hecho rendir cuentas por su conducta.
Otros países Como buen hombre de negocios, Trump buscará acercamientos con Uruguay, Chile y Argentina, países cuyas relaciones comerciales se mueven más con Europa y el mundo asiático. Agrega Héctor Moreno que el gobierno de Michel Temer, de Brasil, intentará un nuevo modelo de acercamiento con Trump, pues hay más compatibilidad entre él y el nuevo presidente de EE. UU. que con el gobierno Obama. Por el pragmatismo económico que el nuevo periodo señala, indica Moreno, gobiernos como los de Macri, de Argentina; Peña Nieto, de México, y Temer, de Brasil, van a jugar a ser flexibles, a hacer nuevos pactos. Algo similar se verá en Chile y Perú, países en crecimiento, pragmáticos, y que tradicionalmente han mantenido buena relación con EE. UU. Aumentarán y mejorarán esa relación, y la adaptarán a los nuevos tiempos.Colombia: Gobierno de Trump será más vigilante Donald Trump continuará apoyando el proceso de paz e incluso, el posconflicto, con palabras de aliento, sin una decisión política muy activa, como lo hizo Barack Obama, pero tendrá una actitud más vigilante. Si el observador estadounidense era una especie de convidado de piedra en el proceso de paz en tiempos de Obama, como asegura el analista Enrique Serrano, Trump tendrá un embajador con una actitud más vigilante, más crítico en ciertas circunstancias de incongruencias y errores en el proceso de implementación de los acuerdos de paz, porque son acuerdos con respecto a los cuales no tenemos experiencia, por tanto, algunas cosas pueden salir mal. La ayuda económica del Plan Paz Colombia conseguida por Obama (US$450 millones en un principio) se consolidará bajo el mandato de Trump y se empleará en programas de tipo social, pero tal como advierte Serrano, si se ve algún tipo de incongruencia, si las Farc mangonean, no se controla el orden público o algo más pasa, es probable que los norteamericanos se pongan nerviosos y condicionen la entrega de esos recursos a que se cumplan ciertos aspectos que se exigen en el tratado. Además, dice Serrano, Trump seguramente hablará más sobre narcotráfico que Obama y le dirá al gobierno de Colombia que mientras no reduzca las áreas cultivadas de amapola (coca), que mientras no reduzcan los envíos, ni se aumenten los controles, no habrá un desembolso completo de estos recursos. Para el analista Héctor Alonso Moreno, las Farc insistirán al gobierno estadounidense que su condición de grupo terrorista le sea retirada; que Simón Trinidad sea excarcelado y enviado a Colombia; defenderá temas de la política de colaboración en la erradicación de los cultivos ilícitos, lo que ocasionará un poco de tensión que puede alterar el ambiente durante el proceso de paz. Lo mismo que la situación de varios comandantes de la guerrilla vinculados a procesos de narcotráfico. Pero no hay que olvidar que en los EE. UU. es muy independiente el poder legislativo del ejecutivo. Los temas judiciales no son tan permeados como en Colombia por el Ejecutivo, concluye Moreno.