Cae la noche en Penonomé y nadie quiere irse a dormir. En esta pequeña ciudad panameña, una de las más golpeadas por el terremoto de magnitud 7,7 del viernes 9 de octubre, los comerciantes siguen en la calle, todavía nerviosos, cuidando lo que queda de sus locales.
Entre los edificios más dañados está un hotel de solo cuatro pisos, en pleno centro de la ciudad, que se encuentra a más de 200 kilómetros al oeste de Ciudad de Panamá.
Del hotel solo queda en pie la estructura principal: la fachada y los balcones se desplomaron. Los escombros cayeron sobre los carros parqueados al frente. No los destruyeron, pero los dejaron atrapados y sus dueños no pueden moverlos.
Dos empleados que estaban dentro del edificio cuando empezó a temblar hablaron con agencias internacionales. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) midió el sismo en 7,7.
Uno de ellos es Eduardo González. Pasa la noche sentado en una silla de playa frente al hotel, haciendo “guardia”. “Fue una gran adrenalina. Nadie está preparado para esto (…) estábamos sacando a la gente cuando escuchamos crujir la infraestructura”, contó.
Como muchos vecinos, González no se mueve de allí por miedo a que alguien aproveche la oscuridad para robar.
El epicentro estuvo cerca de Tonosí, un pueblo costero a casi 100 kilómetros de distancia, y el sismo fue poco profundo: apenas diez kilómetros. Aun así, Penonomé fue una de las zonas que más lo sintió.
El otro trabajador pidió no revelar su nombre. Recordó que corrió a su carro para huir, pero no pudo salir: “Fue bastante fuerte (…) entré a mi carro (vehículo), pero cuando intentaba salir, detrás de mí había otros interceptándome y comenzó a caer el concreto”.
Aun así, confía en que su vehículo no tenga daños graves y pueda sacarlo en las próximas horas.
En las calles, familias enteras siguen reunidas frente a sus casas, en calma, aunque atentas a cada réplica. Desde el mediodía se han registrado más de cien.
En el principal hospital público de la zona, los pacientes fueron trasladados afuera. Médicos y enfermeras los atienden en camas instaladas bajo carpas en plena calle.
La plaza central también está cerrada. Una de las torres de la iglesia principal resultó afectada, y las autoridades acordonaron el lugar.
Algo llamó la atención de varios medios de comunicación, como la agencia de prensa internacional EFE: mientras los edificios más altos sufrieron daños, las casitas tradicionales de un solo piso, típicas de la región, siguen intactas.
El primer informe oficial del Gobierno de Panamá indica que el sismo afectó casi todas las plantas potabilizadoras del país, además de iglesias, hoteles, comercios, edificios públicos y carreteras. Hasta ahora no hay víctimas mortales, aunque sí varios heridos en distintas regiones. Mientras tanto, en Penonomé, la noche avanza lenta y los vecinos se turnan para vigilar, esperando que con la luz del día llegue también la calma.