América Latina, y en particular Colombia, mira con incertidumbre qué pasará en Venezuela, luego de la caída de Nicolás Maduro. Sobre ese futuro, las relaciones de China con la región, el multilateralismo y lo que puede pasar en las elecciones colombianas de este 2026, El País conversó con Evan Ellis, profesor investigador de estudios latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de los Estados Unidos.

¿Por qué cree que, después de haberlo anunciado tantas veces, el presidente Donald Trump esperó hasta el inicio del año para ejecutar la incursión a Venezuela y capturar a Nicolás Maduro?

Para mí, siempre el presidente Trump busca evitar el uso de la fuerza militar cuando es posible. Hemos visto esto en Irán y otras áreas. Él tiene la costumbre de usar la amenaza de acción extrema como una parte de negociación, pero si hay la manera de resolverlo sin fuerza militar, lo busca. Yo veo eso es desde el comienzo, con el despliegue de esta gran fuerza militar capaz de agarrar a Nicolás Maduro, con la muestra de maniobras en el Caribe, con los vuelos, los bombardeos...

Todas estas fueron para mí no solo acciones explícitas de interrumpir narcobuques, sino también de demostrar al madurismo que los Estados Unidos estaban dispuestos a actuar y que lo mejor era que ellos tomaran el asunto en sus propias manos. Este proceso de negociación correctiva se mantuvo hasta mediados de diciembre, aunque la operación se encontraba lista al menos desde noviembre, pero se esperó el momento idóneo.

Evan Ellis, investigador en estudios latinoamericanos, se refirió a las tensiones geopolíticas en la región y a la relación actual entre los presidentes Gustavo Petro y Donald Trump. | Foto: Especial para El País

¿Por qué enero y no diciembre? Ya estaba claro que las fuerzas del madurismo no iban a tomar el curso en sus propios manos, lo que obligaba a una actuación militar de los Estados Unidos, y luego solo se trató de encontrar el momento idóneo para actuar, para dar el que, para mí, fue apenas el primer paso.

Hoy en lo que estamos es en una nueva etapa de negociación coercitiva. Teóricamente Estados Unidos tiene mucha capacidad de actuar para quitar líderes cuando desee y también ha demostrado que puede sancionar o coger el petróleo sancionado. También es probable que Nicolás Maduro esté cooperando con las autoridades y no es desconocido por Delcy y Jorge Rodríguez, por Diosdado Cabello o por Vladimir Padrino López, que hay información sobre dónde están las cuentas bancarias, cuál es la naturaleza de los esquemas criminales. O sea, ellos entienden que sus ganancias de los ilícitos y su ubicación ya están expuestas.

Pero yo veo que ahora estamos en un proceso de seguir usando esta diplomacia coercitiva en que los Estados Unidos busca ciertas cosas que tiene que ver con cooperación en crimen organizado y en migración y obviamente petróleo, y, por otro lado, el chavismo tiene el interés de escapar de las sanciones y tener una relación más abierta en cuanto a lo económico tanto como lo político, sin perder sus palancas de poder dentro del chavismo o dentro del país. Entonces, yo creo que estamos entrando a una etapa nueva en que vamos a ver más maniobras.

¿Cree que hubo un acercamiento previo con Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello o con Padrino para que se produjera este asalto a Maduro sin generar un daño mucho mayor a Venezuela?

Por supuesto. Se conoce que desde la elección de presidente Trump, antes de su toma de poder, había negociaciones entre Rick Grennell (enviado especial a Venezuela de EE. UU.) y los Rodríguez. Aunque hubo algunos resultados, básicamente no fueron fructíferos, lo que eventualmente obligaba a otros tipos de acción. Por estos días salió en las noticias que, quizá en Dubai, Delcy Rodríguez estaba negociando secretamente con la CIA tanto como con los rusos. Entonces, ya había muchos negociaciones y sí se nota que había un diálogo continuo, y como este no fue suficiente en lograr lo que la administración Trump esperaba, obligaba a una acción inmediata.

Hay una gran incertidumbre sobre lo que va a pasar en Venezuela. Delcy Rodríguez está a la cabeza, aparentemente, del Gobierno, mientras la oposición no tiene un papel claro. ¿Cuál es su percepción sobre el futuro inmediato?

Voy a ser un poco crítico en esto, y franco, porque para mí lo que hay en este momento es una coincidencia de intereses. Obviamente había un análisis de la administración Trump de que el riesgo de trabajar con la dictadura existente, con esta estructura del chavismo, era menor que intentar colaborar con el gobierno legítimo electo de Edmundo González y María Corina Machado, con la esperanza de que ellos (los chavistas) podrían ejercer control sobre los Fuerzas Armadas y evitar un guerra civil con sus seguidores más radicales, evitar sus planes de cometer actos de terrorismo contra la infraestructura petrolera y eléctrica, incluso incidir en grupos como el ELN y otras organizaciones que operan en partes de Venezuela.

Entonces, creo que sí había un entendimiento, que ese tipo de decisiones de eliminar el comunismo y poner en el poder al Gobierno democrático electo tendría ciertos riesgos, por lo que se decidió no ir inicialmente en ese rumbo. Pero lo que veo ahora es que hay una coincidencia de intereses. Por un lado, la Administración Trump quiere mostrar que está en control y ha logrado una victoria como la que logró después de bombardear sitios nucleares en Irán, por ejemplo, aunque allá, igual como en Venezuela, la situación no fue completamente resuelta. El interés de EE. UU. es demostrar que hay colaboración contra crimen organizado, especialmente contra flujos de drogas, que hay colaboración sobre migración, que hay colaboración en cuanto petróleo y hemos visto indicaciones que por lo menos están colaborando en lotes de petróleo sancionado que ahora va a ser vendido a intereses norteamericanos en el Golfo de México.

El profesor estadounidense Evan Ellis analiza el escenario regional tras la crisis en Venezuela y el creciente protagonismo de China en América Latina. | Foto: Especial para El País

¿Y cuál es el interés de Delcy Rodríguez y el chavismo?

Es mantenerse en el poder, escapar de sanciones, escapar de la responsabilidad legal para todos sus crímenes del pasado, pero sin poner en jaque también su control. Entonces, lo que yo veo es una tensión en la que Delcy puede dar ciertas cosas y puede dar la apariencia de que está agachando la cabeza ante Donald Trump, para declarar una victoria, lo que tiene implicaciones políticas.

Pero también para mí esta es una gran oportunidad perdida. Yo creo que hasta ahora María Corina Machado y Edmundo González han sido muy restringidos esperando que se presente a futuro, por elecciones, una posibilidad eventual de restablecer la democracia. El problema es que pese a esa esperanza, si no hay elecciones concretas y en un periodo razonable, muchos venezolanos que migraron no van a regresar al país sabiendo que este mismo aparato represivo liderado por Delcy Rodríguez sigue ahí, porque solo con la restauración de un gobierno legítimo demócrata y que con mucho entusiasmo hubiera ya botado a los chinos, a los rusos, a los iraníes y al Hezbolá del país, se estaría demostrando que Venezuela podría convertirse en un aliado fuerte y cercano de los Estados Unidos para esa siguiente generación en la región.

Usted es experto en China y su relación con América Latina. ¿Cómo se puede ver afecta esa sociedad que ha creado China con la región luego de lo que pasó en Venezuela?

Sin duda China ha perdido y va a perder algunos intereses, especialmente en el sector de seguridad y de temas militares en Venezuela. Pero a largo plazo, China tiene la posibilidad de avanzar en sus intereses políticos por lo que los Estados Unidos ha hecho en Venezuela, y francamente el poder blando de China en América Latina para para mí es enorme.

No solo son los más de 200.000 millones de dólares en inversiones que hace desde hace más de dos décadas, o todos los commodities que China compra en la región así como los préstamos cada vez más comerciales. Es que también es una combinación en América Latina de las esperanzas de los empresarios de ser socios de ese país asiático. Por ello, mientras para algunos es el temor a la entrada de los chinos, para otros es una oportunidad. Solo como ejemplo, la Cámara Colombo China ya tiene cerca de 200 empresas en casi todos los sectores.

Entonces, lo que yo veo es que hay un apalancamiento chino enorme que está pasando a una dimensión cada vez más política. Justo después del nuevo documento estratégico de seguridad de los Estados Unidos en el que se dice que hay que resistir la penetración china, ese país publica un nuevo ‘Papel Blanco’, que básicamente dice que va a intervenir en todas las áreas en América Latina, incluso en gobernanza, en temas de seguridad, cooperación en ciberseguridad, cooperación contra el crimen organizado, haciendo diplomacia persona a persona, en asuntos de desarrollo y tendrá colaboración espacial en Colombia.

¿Se podría afirmar que se está acabando el multilateralismo, que se está imponiendo un nuevo orden mundial y que el presidente Trump quiere ser su líder?

Antes de esta Administración, lo que yo veía era un orden liberal basado en reglas, bajo ataque, bajo mucho estrés, pero con instituciones que han sido responsables de la seguridad y el progreso de la Humanidad desde la Segunda Guerra Mundial. Pero había países como China animando y empoderando actores como Irán, Venezuela y Rusia por sus propios intereses y beneficios. Y esa interacción entre el mundo liberal liderado por los Estados Unidos y un grupo disperso de actores antiliberales respaldado por China estaba causando un declive en el sistema.

Lo que yo veo ahora en cierta forma es que la Administración Trump, al ponerse más transaccional, no está activamente buscando mantener este sistema basado en reglas y, al cambiar radicalmente esta postura, está acelerando su declive antes de las acciones de China y Rusia.

Por supuesto, el presidente Trump ha hablado de ciclos de influencia o más concentración de los Estados Unidos en sus propios intereses. Y yo veo que ese acto de retirarse de estas instituciones acelera la dominancia que China tiene en ellos en cuanto a estándares, influencia en la ONU y en reemplazar el sistema interamericano con un sistema liderado más con instituciones como la Celac.

Entonces, lo que veo es una aceleración de un mundo más fragmentado en el cual el poder de instituciones y del Estado de Derecho está altamente debilitado en cuanto a concentración de protección de interés y falta de confianza. En el marco legal ya impacta, y para mí muy negativamente, en lo que es la posible relación entre esas regiones.

Yo creo que este cambio en este último año ha sido tan radical, que desde Europa hasta Japón, hasta acá en los Estados Unidos y en América Latina están solo buscando entender cómo navegar cuando las reglas se han cambiado.

Pasemos a Colombia. Después de las tensiones del último año entre Trump y Petro, ¿cree que ha bajado un poco esa presión después de la llamada conjunta que tuvieron en los últimos días los dos presidentes?

Aunque Petro ha sido consistentemente imprudente en su retórica y esto ha causado repetidamente problemas, desde el momento en que salió en defensa de los colombianos deportados logró poner a Colombia bajo el ojo de las sanciones en esta primera parte de la administración Trump.

Yo creo que esta vez, especialmente después de lo que ocurrió en Venezuela, el presidente Petro entiende la naturaleza de la amenaza implícita, y quizás ahora está bajando un poco su perfil buscando cooperación y evitar castigos. Pero para mí la tragedia después de tantos años que hemos trabajado tan fuerte con Colombia, desde los días del presidente Pastrana y pasando por el presidente Uribe, es ver el debilitamiento de la cooperación en seguridad, cooperación en otros programas, la pérdida de confianza, hasta llegar a hablar de posibilidad de golpes militares unilaterales, lo que no creo que va a pasar por nada, pero solo el hecho de hablar de esto es un choque a la cercanía que hemos tenido en más de 20 años, Colombia y los Estados Unidos.

Pero para mí, aparte de todo esto, de los problemas con los incentivos de la Paz Total, la campaña contra siembras de cocaína, la minería ilegal, la inseguridad en el campo y la parada de programas públicos y la agenda legislativa de Petro, creo que, al fin del día, lo que va a ser determinante es qué pasa en marzo, con las elecciones legislativas, y especialmente en mayo, con las presidenciales.

Si la derecha en Colombia estuviera unificada, ganaría de forma aplastante, pero mientras que la izquierda está más unificada con personas como Iván Cepeda, la derecha sigue dividida. Entonces, esto es el gran peligro de qué va a pasar en esas elecciones.

Pero todavía tengo esperanza de que estas dinámicas no solo con los Estados Unidos, sino de lo que está ocurriendo en Colombia, podrían impulsar un gobierno que pueda hablar con los Estados Unidos igual como en tiempos antiguos, y que podremos regresar a las colaboraciones fructíferas en seguridad y otros temas.

¿Cree que el gobierno Trump intervendrá de alguna manera en esas elecciones, para evitar que la izquierda continúe en el poder?

Este Gobierno de Estados Unidos no siente reserva en indicar quién quiere que gane en otros países. Hemos visto esto con Javier Milei, en Argentina, o con Nasry Asfura, en Honduras. No me sorprendería, entonces, que el presidente Trump dijera quién es el recomendado en Colombia. Pero, además de eso, creo que hay un grupo de personas, como Marco Rubio, que entiende muy bien la importancia de un gobierno electo con el que los Estados Unidos pueda hablar. Entonces, no me sorprendería que el presidente Trump opine, más bien la excepción sería que no dijera quién es el de su preferencia. Pero también creo que hay una línea gris entre opinar y abogar o interferir.