Un día después del devastador terremoto que golpeó la isla indonesia de Flores, más de 5.000 personas permanecen desplazadas de sus viviendas y enfrentan una noche más fuera de casa, mientras los equipos de emergencia intentan llevar ayuda a las zonas más afectadas.

El sismo de magnitud 7,7 ocurrió durante la mañana del sábado 15 de agosto y provocó graves daños en distintas zonas de la provincia de Nusa Tenggara Oriental. Para este domingo, la prioridad de las autoridades no solo está en la búsqueda de víctimas, sino también en atender a miles de habitantes que no se sienten seguros para regresar a sus hogares.

En la región de Sikka, uno de los territorios más afectados, más de 3.300 personas abandonaron sus viviendas o quedaron aisladas y fueron trasladadas a un recinto deportivo que funciona como refugio temporal. En Maumere, algunas familias instalaron tiendas improvisadas junto a sus casas destruidas, mientras otras permanecen cerca de centros médicos para recibir atención.

La situación es similar en Nagekeo, la zona más cercana al epicentro. Allí, alrededor de 2.000 habitantes tuvieron que trasladarse a refugios temporales después de que numerosas viviendas resultaran destruidas o dañadas. El temor a nuevas sacudidas mantiene a muchas personas fuera de sus casas, incluso cuando sus viviendas todavía permanecen en pie.

Las condiciones para los damnificados también se complican por los daños en las carreteras. Los deslizamientos de tierra bloquearon vías importantes y dificultaron el ingreso de los equipos de rescate a comunidades que permanecen parcialmente incomunicadas. Algunas zonas todavía no han podido ser completamente evaluadas por las autoridades.

Miles de habitantes permanecen en refugios temporales tras abandonar sus viviendas por los daños y el temor a nuevas réplicas. | Foto: Redes sociales

La emergencia humanitaria se desarrolla mientras continúan las réplicas. Cerca de 1.000 movimientos posteriores al terremoto han sido registrados, aunque solo una parte fue percibida por los habitantes. Esta actividad sísmica ha aumentado el temor entre quienes permanecen en refugios o duermen al aire libre.

El Gobierno de Indonesia desplegó más de 3.500 militares y policías para apoyar las labores de rescate y asistencia. También fueron enviados helicópteros y una embarcación de rescate para facilitar el traslado de suministros y el acceso a sectores aislados.

Mientras el número de víctimas mortales llegó a los 53 y los heridos a 135, la preocupación de miles de sobrevivientes se concentra ahora en conseguir un lugar seguro, agua, alimentos, atención médica y un techo temporal. Para muchos habitantes de Indonesia, la emergencia apenas comienza puesto que regresar a casa todavía no es una opción.