Brasil cuenta los días para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que se celebrará el próximo 25 de octubre y enfrentará al senador de derecha Flávio Bolsonaro con el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva.
Tras la primera vuelta celebrada el domingo 4 de octubre, Flávio obtuvo el 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % alcanzado por Lula, una diferencia que dejó al candidato derechista por delante del presidente y obligó a ambas campañas a reorganizar sus estrategias para la recta final.
La primera encuesta de Datafolha después de esa jornada electoral también mostró una ventaja numérica para el senador, quien registra el 52 % de los votos válidos frente al 48 % del mandatario, aunque el resultado debe leerse teniendo en cuenta el margen de error de dos puntos porcentuales.
Mientras Flávio Bolsonaro busca consolidar el respaldo de otros sectores políticos, Lula intenta recuperar terreno y fortalecer su presencia en las redes sociales, uno de los espacios en los que la derecha ha conseguido mayor protagonismo durante la campaña.
“No evalúo encuestas, no trabajo así. Trabajo sabiendo que necesito tener más votos que Flávio para ganar las elecciones. Tengo 17 días para eso”, afirmó Lula durante una conferencia de prensa el jueves.
Uno de los movimientos más recientes de la campaña derechista fue el respaldo del escritor y psiquiatra Augusto Cury, quien ocupó el tercer lugar en la primera vuelta con el 2,89 % de los votos válidos, una adhesión que se suma a la de otros dirigentes que quedaron fuera de la contienda.
“Mi apoyo no es un cheque en blanco (...) Apoyo no es sumisión. Si estoy de acuerdo, diré que estoy de acuerdo. Si discrepo, diré que discrepo”, sostuvo el escritor.
El candidato derechista también recibió el respaldo del exgobernador de Goiás, Ronaldo Caiado, mientras que Romeu Zema manifestó su oposición al Partido de los Trabajadores, aunque el panorama de alianzas sigue en movimiento y otros excandidatos optaron por no respaldar a ninguno de los finalistas.
Flávio Bolsonaro, de 45 años, se ha mostrado confiado frente a la posibilidad de ganar los comicios y ha planteado medidas como recortes presupuestarios y reformas constitucionales, además de asegurar que su padre, condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado, será liberado si llega a la Presidencia.
Por su parte, Lula reconoció dificultades en la organización de su campaña, después de describirla como la menos organizada desde que comenzó a competir por la Presidencia en 1989, mientras prepara nuevas estrategias para movilizar a sus seguidores.