Los restos de los combatientes cubanos llegaron a La Habana el 15 de enero, tras la agresión militar estadounidense ocurrida el 3 de enero en Caracas y otros estados venezolanos.
La ceremonia de recibimiento en el Aeropuerto Internacional José Martí estuvo encabezada por el presidente Miguel Díaz-Canel, el expresidente Raúl Castro y otras altas autoridades civiles y militares, quienes acompañaron a las familias en un momento de profundo dolor.
El homenaje se convirtió en una demostración de unidad nacional frente a lo que el gobierno calificó como una agresión imperialista contra la soberanía de Venezuela y la vida de quienes cumplían misiones de protección en ese país.
El ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez, pronunció un discurso que marcó el tono del acto: “La muerte no derrota a quienes caen con un fusil en la mano defendiendo una causa justa. No regresan como sombras, por el contrario, son una nueva luz que nos refuerza, enardece y compromete”.
Sus palabras subrayaron la idea de que el sacrificio de los oficiales fortalece la resistencia frente a las presiones externas. Álvarez insistió en que el imperialismo podrá disponer de armas sofisticadas y riquezas materiales, pero jamás podrá comprar la dignidad del pueblo cubano, que, según él, honra a sus héroes como parte esencial de su identidad.
Tras la ceremonia inicial, los cuerpos fueron trasladados por la avenida Rancho Boyeros hasta la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, donde la ciudadanía tuvo la oportunidad de rendirles homenaje.
El recorrido se convirtió en una movilización popular que reafirmó el compromiso colectivo con la memoria de los caídos. A partir de las diez de la mañana, los restos permanecieron expuestos para que la población pudiera expresar sus respetos, en un gesto que buscó vincular la tragedia con la fuerza de la comunidad nacional.
Los oficiales fallecidos, con edades entre 26 y 60 años, formaban parte de la guardia del presidente venezolano Nicolás Maduro, quien fue capturado junto a su esposa durante la operación militar estadounidense.
La agresión, presentada por Washington bajo la justificación de combatir el narcoterrorismo, fue denunciada por Caracas como un intento de apropiarse de los recursos estratégicos de Venezuela y quebrar su independencia política.
En ese contexto, la presencia de militares cubanos en territorio venezolano respondía a convenios de cooperación y protección entre ambos países.