Arcesio Trujillo, conocido con el alias de Viejo Palpatine, colombiano señalado como el líder de una organización internacional de narcotráfico y presunto exintegrante del Cartel de Cali, fue capturado por las autoridades peruanas en un hotel de Chiclayo.
Esto se dio luego de que las autoridades comprobaran la existencia de una orden judicial de detención preliminar por el presunto delito de tráfico ilícito de drogas contra Trujillo.
Tras una amplia investigación, la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional del Perú (Dirandro), puso en marcha la Operación Tiburón. Allí logró incautar 700 kilos de cocaína de alta pureza, valorados en 21 millones de dólares.
La intervención de las autoridades tuvo lugar en un centro de producción en Bagua, en el puerto de Paita y en un hotel en Chiclayo.
El operativo permitió desarticular una red que presuntamente pretendía enviar el cargamento de droga al extranjero, aprovechando que en ese momento se llevaba a cabo el Mundial de Futbol 2026 en Estados Unidos, México y Canadá.
Las autoridades lograron encontrar varios paquetes de cocaína, tipo ladrillo, los cuales, según las pruebas químicas, arrojaron positivo para alcaloide.
El operativo se dio tras el seguimiento especial a Arcesio Trujillo, colombiano que llegó al Perú entre 2023 y 2024.
Fue así como el Viejo Palpatine se convirtió en el líder de una estructura criminal en el norte del Perú, la cual contaba con un megalaboratorio en Bagua y una red logística que se encargaba de transportar la droga hacia la costa.
Para ello, los vehículos eran modificados con compartimentos donde escondían la droga, logrando evadir los controles policiales.
Las autoridades pudieron corroborar que el colombiano siempre estaba acompañado en Trujillo de dos sujetos de nacionalidad china.
El coronel Jenner Lozada, jefe de la División de Investigaciones Especiales de la Dirandro, mencionó que dichos ciudadanos extranjeros brindaban protección al cabecilla colombiano y al parecer estarían vinculados a organizaciones internacionales que estaban interesadas en la comercialización de cocaína peruana.
La estructura contaba además con Sarita Fernández Estela, quien era la responsable del almacenamiento de la droga; Rufasto Vargas Duberlí, el cual se encargaba de la logística; y Julio César Fernández Estela, quien se encargaba de las coordinaciones operativas y además era el contacto con los puntos de producción de la droga.
La Dirandro pudo establecer que la ruta que tenía la droga partía del laboratorio en Bagua, seguía por terrestre hacia Chiclayo y Piura, y finalmente llegaba hasta el puerto de Paita.